Latinoamérica es una inmensa región, con distintas culturas y condiciones que varían entre países y distritos, haciendo que cosas como el idioma y la historia sean diferentes de región en región. Aún así, existen elementos que se repiten, algunos arquetipos propios de nuestro gran hemisferio, y esta similitud puede apreciarse en nuestras historias, tal y como se ve expuesta la realidad en la obra de Gabriel García Márquez: “100 Años de Soledad”. 

Basado en la ciudad ficticia de Macondo con la familia Buendía como protagonista, la novela no solo cuenta una intrínseca y compleja historia de relaciones, fantasías, decepciones y crudezas, sino que refleja varios matices propios de la sociedad latina: los latifundios, las guerras de revolución, la avaricia llevada de la mano por la corrupción, los secretos de familia, el machismo, la dependencia en tradiciones y cuentos de la región, la fe en la fantasía y lo místico.

“Cuando el pirata Francis Drake asaltó a Riohacha, en el siglo XVI, la bisabuela de Úrsula Iguarán se asustó tanto con el toque de rebato y el estampido de los cañones, que perdió el control de los nervios y se sentó en un fogón encendido. Las quemaduras la dejaron convertida en una esposa inútil para toda la vida. No podía sentarse sino de medio lado, acomodada en cojines, y algo extraño debió quedarle en el modo de andar, porque nunca volvió a caminar en público. Renunció a toda clase de hábitos sociales obsesionada por la idea de que su cuerpo despedía un olor a chamusquina. El alba la sorprendía en el patio sin atreverse a dormir, porque soñaba que los ingleses con sus feroces perros de asalto se metían por la ventana del dormitorio y la sometían a vergonzosos tormentos con hierros al rojo vivo. Su marido, un comerciante aragonés con quien tenía dos hijos, se gastó media tienda en medicinas y entretenimientos buscando la manera de aliviar sus terrores. Por último liquidó el negocio y llevó la familia a vivir lejos del mar, en una ranchería de indios pacíficos situada en las estribaciones de la sierra, donde le construyó a su mujer un dormitorio sin ventanas para que no tuvieran por donde entrar los piratas de sus pesadillas”.

– 100 Años de Soledad, capítulo 2

Una idea compartida entre varios de sus lectores ha sido un sentimiento de familiaridad con lo que se puede apreciar, detalles como la figura materna que pone orden en casa o los patrones machistas que heredan las generaciones, incluso la sensación de ser, Macondo, un pueblo lejano, familiar y a la vez extraño al resto del mundo.

La representación en los medios e historias es un tema complicado, sobre todo cuando se intentan reflejar la historias y problemas de una clase o grupo siendo ajenos al mismo, y que una obra pueda unificar así a tantos pueblos hace que sea digna de recordar como uno de los grandes clásicos de la literatura iberoamericana, y tal vez, uno de los grandes del último siglo.