¿POR QUÉ NOS IMPORTA TANTO LA VIDA DE LOS DEMÁS?

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El cuchicheo esconde un placer misterioso que solo los psicólogos y los amantes de las telenovelas han podido descifrar.

Hay algo en las historias de vida privadas que despierta en algunas personas una extraña pasión y una ferviente necesidad de mantenerse al tanto de los problemas, penas, fracasos y alegrías de los demás. En el mundo de la farándula, la mayor evidencia de esto es cómo el público y la audiencia general termina obsesionándose con las “parejas de temporada” y creando simbiosis antinaturales donde Brad Pitt y Angelina Jolie pasan a llamarse Brangelina; Ben Affleck y Jennifer Garner, Bennifer, y Tom Cruise y Katie Holmes, TomKat.

La tendencia de hacer de la vida del otro una extensión de la nuestra explica el flamante interés de la opinión pública por conocer el destino de Billary (Bill y Hillary Clinton), Zanessa (Zac Efron y Vanessa Hudgens), y el nuevo vecino de al lado, a cuya madre conocemos del colegio y no recordamos que se haya casado nunca.

La importancia que mucha gente otorga a la vida de los demás puede parecer enfermiza para quienes prefieren mantenerse al margen de los chismes y especulaciones. La ciencia ha llegado a conclusiones válidas que podrían explicar el origen de este hábito, tan universal como llorar y comer.

La teoría del aprendizaje observacional

De acuerdo con los especialistas en biología evolutiva, nuestro deseo por conocer de cerca las actividades que realizan individuos altamente influyentes en la sociedad (como los artistas, políticos y atletas), es una característica que compartimos con otros primates, y se debe a una “táctica evolutiva” que podría habernos ayudado a sobrevivir durante millones de años.

Los libros de motivación personal y entrenamiento para adquirir una “mente millonaria” podrían no estar muy lejos de la clave maestra para el éxito, después de todo. En realidad, descubrir lo que hacen los agentes altamente influyentes de nuestro entorno y aprender de ellos es, probablemente, lo que impidió la extinción de nuestra especie.

“Piensa y actúa como Warren Buffett”, “Sigue la dieta de Shakira”, “Lanza el balón como Ronaldo” … Bajo el prisma de la ciencia y la psicología, todos estos consejos de aprendizaje observacional podrían contribuir realmente a sacar el máximo provecho a nuestro potencial si supiéramos cómo manejar el morbo y la ociosidad.

Muchos líderes espirituales y empresarios exitosos apoyan la teoría de basar nuestras decisiones en lo que ha dado resultado para nuestros ídolos, aquella persona que admiramos por encima de todo y que ha logrado posicionarse donde soñamos llegar algún día. Ya sea Jesús, Mahoma, Carl Sagan o Buda, mantenernos informados acerca de la vida y forma de obrar de otras personas nos permite, en teoría, analizar sus movimientos y trazar un plan de acción para desempeñarnos mejor en el día a día.

¿Hablar de los otros nos hace ver interesantes?

Ya decían los griegos que el ser humano estaba condenado a ser un animal social, y los chismes podrían ser, de cierta forma, una manera de ascender en la jerarquía de las relaciones interpersonales.

Además de ayudarnos a trazar un plan estratégico para tomar mejores decisiones, mantenernos al tanto de la vida de otros puede potenciar nuestra capacidad para interactuar en grupo. La teoría sugiere que las personas utilizan la información como una herramienta para hacerse un lugar dentro de círculos sociales complejos, de modo que “el conocimiento es poder”, incluso si nuestra especialidad es elaborar un esquema mental de cuántas veces se ha divorciado media ciudad.

El simple hecho de poner un tema de conversación sobre la mesa, y hablar con propiedad, puede hacer que nos veamos más interesantes ante los demás, lo que a su vez nos hace sentir más seguros.

Las desgracias de los demás son un eterno consuelo

Aunque suene cruel, los estudios han demostrado que las personas prefieren escuchar chismes negativos de sus amigos y celebridades, y promover chismes positivos sobre sí mismos.

De hecho, pruebas neurológicas sugieren que la región del cerebro asociada con el placer y la recompensa aumenta su actividad significativamente cuando escuchamos un chisme negativo sobre un famoso, en comparación con la reacción de nuestro cerebro al escuchar malas noticias sobre una persona allegada.

De cierta forma, las desgracias de los demás actúan en nuestro cerebro como el postre después de la cena, y una parte de nosotros disfruta saber de ellas. Los expertos sugieren que las personas suelen preferir leer los encabezados que anuncian noticias negativas (desastres naturales, accidentes y homicidios), porque nuestro instinto evolutivo nos dice que estamos siendo alertados de una posible amenaza, y que debemos modificar nuestro comportamiento para evadir el peligro de la muerte pública.