Los seres humanos nacemos únicos con huellas de identidad y una herencia genética que marca nuestra vida para siempre desde nuestro alumbramiento. A la vez, al nacer formamos parte de un conglomerado social que nos permite adquirir derechos, deberes y características como ciudadanos que nos hacen iguales ante la ley y la estructura funcional de la sociedad, por ello, a lo largo de la vida debemos convivir entre la diversidad y contribuir al desarrollo de la sociedad respetando las diferencias.

Ahora bien, a lo largo de la historia, los seres humanos hemos creado acciones negativas que nacen de los prejuicios o juicios sin fundamento que se emiten sobre las personas. Los prejuicios generalizados hacia ciertos grupos hacen nacer estereotipos como: “los gitanos son sucios”, “los negros son poco inteligentes”, “los judíos son avaros”, “ los gringos son desaliñados”, “las latinas son fáciles”… entre otros peyorativos. Las acciones discriminatorias a lo largo de la historia han acentuado la existencia de una sociedad desigual y procesos bélicos.

Este fenómeno a través del cual los seres humanos se expresan de manera degradante hacia una persona o grupo por razones atribuidas a su sexo, tendencia política, nacionalidad, condición física o de salud, se denomina discriminación. Los efectos de la discriminación en la vida de las personas son negativos y tienen que ver con la pérdida de derechos y la desigualdad para acceder a ellos, lo cual puede orillar al aislamiento, la violencia e, incluso, en casos extremos, la muerte.

En ese sentido, la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, surgida luego del flagelo del nazismo, que discriminó a quienes no pertenecían a la raza aria de un modo tan dramático que los condenó a la muerte, proclamó en su artículo 7 la igualdad de todos ante la ley, y el derecho a que esta los proteja contra toda discriminación.

En 1967, la Convención Internacional sobre Eliminación de toda forma de Discriminación Racial, suscrita en Nueva York, impide las distinciones fundadas en raza, linaje, color, etnia o nacionalidad. La Convención Americana sobre Derechos Humanos del año 1969 se focalizó en la discriminación por raza, idioma, color, sexo, religión, posición económica, nacimiento o condición social, en 1979 surgió la Convención de la Asamblea de las Naciones Unidas, para la eliminación de todas las formas de discriminación de la mujer.

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Posteriormente, el 1 de diciembre de 2013, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 1 de marzo como el Día para la Cero Discriminación y a partir de ese momento se ha conmemorado con diferentes campañas para promover este día como un valor y derecho compartido por los ciudadanos de todas las naciones.

Este año, en el Día de la Cero Discriminación, ONUSIDA destaca la imperiosa necesidad de actuar frente a las leyes discriminatorias. En muchos países, las leyes crean diferencias en el trato entre personas, muchos quedan excluidos de los servicios básicos o sufren restricciones en su manera de vivir solamente por ser ellos mismos.

Las leyes pueden discriminar mediante la penalización de la conducta o la identidad: leyes sobre el trabajo sexual, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, el uso o la posesión de drogas para consumo propio o la ocultación del estado serológico, la exposición al virus o la transmisión del VIH…

Una persona puede sufrir discriminación por su condición médica, raza, identidad de género u orientación sexual, lo cual tiene graves efectos tanto en el individuo como en la sociedad. Otras leyes pueden obstaculizar el acceso a prestaciones y servicios, como prohibir que las niñas vayan al colegio si están embarazadas o que las mujeres tengan acceso a servicios financieros sin el consentimiento de su marido.

Los estados tienen la obligación moral y legal de eliminar las leyes discriminatorias y aprobar otras que protejan a las personas. Esto aparece recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los tratados sobre los derechos humanos, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y otros compromisos internacionales.

La página web de ONUSIDA en el año 2017, se llegó a afirmar que la discriminación puede darse en cualquier lugar: en un centro de atención sanitaria, en el trabajo, en el colegio, en el hogar o en la comunidad. Además, la discriminación no solo afecta a los individuos o grupos de personas discriminados, sino que nos hace daño a todos:

  • Discriminar a las personas por motivos raciales causa sufrimiento individual y debilita la cohesión social.
  • Limitar el acceso a la educación de las niñas y las mujeres jóvenes no solo las perjudica a ellas, sino que además evita que las sociedades se beneficien de una fuente de talentos más amplia.
  • Estigmatizar a las personas que viven con el VIH hace que se sientan menos motivadas para someterse a pruebas y recibir una atención y un tratamiento sanitario que pueden salvarles la vida, además inhibe los esfuerzos para poner fin a la epidemia de SIDA.
  • Un total de 130 millones de niñas en el mundo de entre 6 y 17 años no van al colegio. Todas las niñas tienen derecho a la educación. Si las niñas van a clase, hay menos posibilidades de que contraigan un matrimonio prematuro y disminuye el riesgo de que se contagien del VIH. Reclama #cerodiscriminación para todos.
  • Cuanto más vayan las niñas al colegio, mejor será su salud sexual y reproductiva. Reclama #cerodiscriminación para todos.
  • El estigma y la discriminación ponen en riesgo la salud, dignidad y seguridad de las poblaciones vulnerables al VIH.
  • La discriminación es una violación a los derechos humanos y no debe quedar sin respuesta. Defiende la #cerodiscriminación.
  • Jugar con un niño seropositivo no entraña ningún riesgo. Conoce los datos. Únete al movimiento #cerodiscriminación.

A la final, pareciera utópico luchar contra la discriminación, por si cada uno internaliza que todos nacemos con los mismos derechos fundamentales y que es necesario cultivar valores como la paz, la solidaridad, la igualdad y el amor, pueden asumirse medidas para hacer frente a la discriminación y fomentar la aceptación: hacerse sentir y oír cuando algo está mal o alguien está siendo tratado de forma injusta, sensibilizar, apoyar a las personas que ya han sido discriminadas y fomentar los beneficios de la diversidad.