El machismo es una forma de sexismo en la que se discrimina y menosprecia a la mujer considerándola inferior al hombre, con menos poder o ninguno sobre aspectos relacionados con la economía, la política, el sexo o algo tan cotidiano como la administración del hogar.

El machismo está fundado en ideas preconcebidas y estereotipos fuertemente influenciados por el entorno social. 

Ahora bien, de acuerdo con la Real Academia Española, el machismo es una “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Esta definición se expresa, por ejemplo, en las dificultades que experimentan las mujeres para llegar y permanecer en espacios de decisión, la violencia de varones hacia mujeres o también de varones hacia otros varones que no encajan en el modelo de masculinidad hegemónica.

El machismo no es de siempre. En la prehistoria, todas las personas eran iguales, mujeres y hombres vivían en comunidades, todos colaboraban en la caza y en la pesca, en el cuidado de las criaturas y en la recolección de frutos. No obstante, con el pasar de los siglos, los hombres crearon mecanismos de control social y político sobre las mujeres: inventaron las divinidades que manejaban todos los fenómenos, el Dios Sol, la Diosa de la Lluvia y el Dios de la Muerte, por ejemplo.

El machismo se ha extendido con el crecimiento y urbanización de las ciudades, y es analizado en diferentes disciplinas como la psicología y la antropología. En sociedades patriarcales, el comportamiento machista es visto como algo normal, la sociedad se organiza de tal manera que el hombre ejerce su poder sobre la mujer en distintos ámbitos (la política, la economía o la familia).

Los hombres en algunas culturas se hicieron dueños también de la religión y fundaron las iglesias, organizaciones a las que no podían pertenecer las mujeres y donde los hombres decidían cuáles eran las palabras de los dioses. Así, no solo dominaban a las mujeres por la fuerza, sino que además imponían el dominio masculino como si fuera voluntad de las divinidades.

El machismo sugiere que la mentalidad de las mujeres es débil, para el hombre machista, la mujer debe tener una actitud de sumisión manifiesta de distintas maneras: con actitudes y comportamientos de menosprecio, control y sometimiento. En algunas ocasiones, una de las manifestaciones machistas es el piropo, o bien las agresiones físicas y psicológicas, conducta que en conjunto se conoce como violencia de género.

Este comportamiento cultural se mantiene en las culturas netamente patriarcales: Medio Oriente, por ejemplo, y países africanos como Nigeria.

En otros casos, el machismo impide que la mujer pueda acceder a ciertos cargos, o justifica la mutilación de sus miembros genitales. Tal es el caso de la ablación del clítoris. 

En concreto, son actos de machismo comunes la diferencia en la condena por adulterio o la negación de ciertos derechos como el voto o las diferencias salariales. 

Woman Standing Beside Window Curtain / Cortesía de Pexels

En sociedades que no se consideran patriarcales también existe machismo, una de las representaciones más típicas en América Latina es el piropo o acoso callejero. En México, es costumbre el piropo jocoso y, a veces, morboso. Todo depende del contexto. Esta es una de las naciones latinoamericanas donde existe una visión matricentrista fuerte, es decir que a la mujer le corresponde asumir el rol de padre y madre a la vez; además, se venera a la madre y se idealiza la virginidad de la mujer.

En AMÉRICA LATINA, ES COMÚN QUE el machismo SE DISFRACE DE “SANGRE CARIBEÑA” O SE LE RESTE IMPORTANCIA HACIENDO ALUSIÓN A “CARACTERÍSTICAS PROPIAS DEL HOMBRE LATINO”, pero que EN REALIDAD ocultan una necesidad de reforzar el dominio y temor a la disfunción eréctil. 

Algunas de las manifestaciones de machismo más habituales son la figura del Don Juan y el acoso laboral, conductas socialmente despreciables que perjudican el desarrollo económico saludable y que pueden conducir a crímenes muy graves.

En países como Estados Unidos, el machismo, aunque puede verse reflejado en la vida cotidiana, se ve frenado por leyes, normas y controles. El mirar fijamente o de manera inapropiada a una mujer puede ser motivo para llevar a la cárcel a un hombre.

Machismo y empoderamiento femenino

El machismo se acentúa en relaciones de pareja donde los estereotipos le ganan terreno a la instrucción, los valores y la justicia. El hombre machista no piensa en el valor que puede agregar el emprendimiento de las mujeres, sino en el abandono del hogar y de los hijos, la infidelidad, la desatención de las labores y oficios del hogar, y por supuesto, la desatención de los compromisos sexuales.

Estos justificativos son empleados por muchos hombres para impedir el desarrollo de las mujeres, y sigue ocurriendo a pesar de las campañas contra la violencia machista, destinadas a combatir esa concepción de control del hombre sobre la mujer.

Se ha avanzado en la creación de mecanismos para contrarrestar la violación de los derechos de la mujer, la degradación y los males culturales que impiden el armónico desarrollo de la sociedad, también se han creado instancias directamente para denunciar el acoso callejero en países como Chile y Perú.

En el año 2014, Stop Street Harassment realizó una representativa encuesta en Estados Unidos, a 2,000 personas, que indicó que el 65% de las mujeres habían experimentado acoso en la calle; el 23% habían sido tocada sexualmente, el 20% habían sido perseguidas y el 9% se habían visto forzadas sexualmente. Entre los hombres, el 25% había sido víctima de acoso callejero (en mayor porcentaje, hombres LGBT) y la forma más común había sido a través de insultos relacionados con su orientación sexual o identidad de género (9%) (Stop Street Harassment, 2014).

El machismo es un problema que no atañe solo a las mujeres, y como sociedad debemos abogar por un espacio donde sea posible vivir libres de toda forma de violencia y opresión, independientemente del estatus económico o la condición sexual.