La participación de la mujer en la economía, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) entregado en marzo del 2018, constata que más de 115 millones de mujeres forman parte de la población económicamente activa en Latinoamérica. Sin embargo, la institución advierte que “la brecha de género es persistente” y que las tasas de participación y ocupación femeninas son inferiores a las de los hombres en más de 20 puntos porcentuales. Asimismo, OIT destaca que la tasa de desempleo entre las féminas, que en el tercer trimestre de 2017 se situó en 10,4%, sigue siendo 1,4 veces la de los hombres.

La mujer latina en la economía de Estados Unidos

En la Cumbre de Mujeres AL DÍA realizada el 8 de noviembre del 2018, Sara Manzano Díaz explicó la situación actual de las latinas en los EE. UU. Para esta ex Directora de Women’s Bureau, el único organismo del gobierno federal que está específicamente a cargo de los problemas de las mujeres trabajadoras, “la mujer Latina tiene actualmente un papel importante en el funcionamiento general de los Estados Unidos”.

Los latinos constituyen la minoría racial/étnica más grande en los EE. UU. conformando alrededor de 59 millones de personas o el 18 por ciento de la población total de la nación. Tienen un enorme impacto en la economía, su poder adquisitivo en 2015 fue de $1.5 billones, ya que las empresas de latinos han aumentado el doble que el promedio nacional, generando ingresos anuales de $350 mil millones.

Las mujeres, no obstante, conforman un gran porcentaje de la población estadounidense, pero no reciben una gran cantidad de oportunidades. Las mujeres constituyen únicamente el cuatro por ciento de los directores ejecutivos y el 17 por ciento de los miembros de la junta directiva, y devengan mucho menos dinero que sus contrapartes masculinas.

Mucho por hacer a pesar de los avances

La declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aprobada por los Estados miembros en 1995, destaca a las mujeres y la economía como una de las 12 principales esferas de preocupación.

Los 189 gobiernos que firmaron el acuerdo se comprometieron a llevar a cabo acciones específicas para alcanzar objetivos concretos para mejorar el papel de las mujeres en la economía. Dentro de los compromisos establecidos estuvieron promover mejoras para eliminar la discriminación ocupacional, especialmente mediante la promoción de la participación igualitaria de las mujeres en los empleos altamente cualificados, así como en los puestos de dirección.

Woman / Cortesía de Pexels

En la declaración, los países también se comprometieron a fomentar el equilibrio en las responsabilidades laborales y domésticas entre mujeres y hombres, incluido un mejor acceso a servicios de cuidado de hijas e hijos que sean asequibles y de calidad. Todo esto sumado a la necesidad de asegurar que las mujeres embarazadas con licencia de maternidad y aquellas que se reincorporan al mercado laboral tras dar a luz no sufran discriminación alguna. Al renovar y reactivar estos compromisos, se promoverá una mayor igualdad de género, así como el bienestar de mujeres y hombres, hogares y comunidades.

Por su parte, Christine Lagarde, ex ministra francesa en diversas carteras económicas entre ellas, finanzas y empleo, agricultura y pesca, y comercio, fue la primera mujer en convertirse en ministra de finanzas de una economía del G8 y es la primera mujer en ocupar el puesto de Directora General del Fondo Monetario Internacional (FMI).

En un artículo para ONU Mujeres en el año 2014, observaba que a pesar de los esfuerzos por mejorar las condiciones en el trabajo a nivel mundial de las mujeres, aún falta mucho por hacer. Según Lagarde, esto conlleva un enorme costo: en algunos países, los ingresos per cápita disminuyen significativamente porque a las mujeres se les niega la igualdad de oportunidades.

Las mujeres representan la mitad de la población mundial, pero contribuyen muy por debajo del 50 por ciento de la actividad económica. En efecto, la brecha entre mujeres y hombres en términos de actividad económica cuantificada oscila entre el 12 por ciento en los países de la OCDE y el 50 por ciento en Oriente Medio y África del Norte. Para cambiar esta situación, es necesario un esfuerzo conjunto que abra las puertas a las oportunidades, mediante lo que considera las tres claves para el empoderamiento de las mujeres:

  • La educación como base para generar cambios en las personas y en las poblaciones del mundo.
  • El trabajo, que permite la realización, el progreso y sostenibilidad de la familia, en especial para las madres solteras.
  • El liderazgo como una competencia para que las mujeres puedan expresar sus planteamientos, talentos y contribuir con la lucha social, de género y comunitaria.

Es fundamental que las mujeres asuman riesgos y emprendan horizontes de éxito de la mano de sus semejantes, que ocupen un lugar en las mesas de negociación.

Este artículo continuará más adelante cuando hablemos del emprendimiento femenino en Latinoamérica y el mundo.