A día de hoy, seguimos heredando una tradición de la época de la ilustración, donde la ciencia es una empresa llena de bondad que trae consigo una verdad innata propia e intrínseca de la naturaleza.

Pero hay una pregunta que viene asumida en esta realidad: ¿cómo sabemos que algo es cierto?

¿Quién es autoridad para afirmar que sus descubrimientos son realmente una reflejo fiel del mundo? Porque si la naturaleza nos pudiese ofrecer las respuestas sin intervención humana, no haría falta desarrollar un grupo de teorías que organicen la información detenidamente para facilitar su estudio y consulta directa.

Entonces, ¿cómo construimos este conocimiento? ¿Qué reglas se supone que cumple lo que creemos cierto?

“No hay tal cosa como verdad absoluta y falsedad absoluta. La mente científica nunca debe reconocer la verdad perfecta o la falsedad perfecta de cualquier supuesta teoría u observación. Debería sopesar cuidadosamente las posibilidades de verdad y error y calificar cada una en su posición adecuada a lo largo de la línea que une la verdad absoluta y el error absoluto”

– Henry Augustus Rowland

thom masat

A esto lo llamamos lógica, conjunto de normas que usamos para unir y estructurar argumentos que nos permiten establecer marcos de referencia para evaluar distintos términos.

Ahora, ¿cómo usamos estas normas y bajo qué argumentos para justificar qué? Realmente eso no lo especifican los sabios o maestros ancestrales en ninguna parte, y es así como la reglas del discurso eventualmente se prestan para dar pie a planteamientos descabellados.

Así, la lógica pasa de ser un vehículo entre la razón y la bondad, a ser simplemente una herramienta a disposición del individuo que no depende de ser verificada por otros. 

Si tarde o temprano todo resulta caer en esta dinámica de oposición constante entre mi verdad y la de los otros, entre lo que es “bueno” o “justo” para mí y lo que es “bueno” o “justo” para los demás, ¿por qué nos aferramos a una sola versión de los hechos? ¿Por qué no expandirnos a la contemplación de distintas posibilidades y alternativas sobre un mismo tema?

La inteligencia es definida como la “capacidad para resolver problemas”, pero la adaptabilidad, la apertura al cambio, es un requisito indispensable para sobrevivir en cualquier ecosistema, incluyendo las comunidades modernas.

Justificar la invalidez de un argumento llamándolo falacia e incongruencia no excluye lo que es “falso” o “cierto” del discurso. De hecho, evidencia errores de estructuración y no de ideas centrales.

Saber esto puede ayudar a que nos entendamos por encima de nuestras diferencias, y generar un espacio de provecho donde todos podamos ser libres de expresar nuestras ideas sin temor a ser agredidos física, verbal o psicológicamente.