por R. Arosemena P.
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Luego que una encuesta conducida por Reuters/Ipsos revelara un alto porcentaje de adultos estadounidenses comprometidos con la adopción de regulaciones “fuertes” y “moderadas” para el control de armas después del tiroteo en Parkland, los números han cambiado notablemente a favor de una postura menos drástica en los últimos dos meses, incluso a pesar de las manifestaciones estudiantiles y la indignación de los familiares de las víctimas.

Algo preocupante ocurre en el seno de la sociedad estadounidense, una desensibilización colectiva que sugiere que nos hemos acostumbrado a los tiroteos, a las masacres en las escuelas y a que cualquier chico de 16 años sea capaz de conseguir un arma.

Las personas reaccionan de manera radical poco después de un incidente al ver la lista de víctimas y las declaraciones de sus familias, pero parecen olvidarlo a medida que todo “vuelve a la normalidad”. A mediados de marzo, cuando el sondeo fue abierto al público, el 57% de las personas dijo estar de acuerdo con la implementación de “fuertes regulaciones o restricciones” para el control de armas, mientras que el 18% consideró oportuno poner en marcha medidas de control “moderadas”. Las cifras fueron cambiando progresivamente hasta el cierre temporal de la encuesta el 25 de marzo; sin embargo, con la reapertura del sondeo el 5 de mayo, vemos variaciones importantes: entre un 37.8 y 41.1 por ciento de los encuestados dijo estar a favor de regulaciones o restricciones fuertes (según datos del 5 al 17 de mayo), en contraste con un 31.1 y 28.3 por ciento, que dijo apoyar la implementación de regulaciones moderadas.

¿Olvidaron las personas la tragedia de Parkland en menos de cuatro meses?

Que las cifras a favor de fuertes regulaciones para el control de armas hayan ascendido nuevamente luego del tiroteo del 18 de mayo en la escuela Santa Fe High School (Texas), donde murieron 10 personas, nos habla de un patrón evidente, y también inquietante.

Desensibilización ante la violencia: ¿el triunfo del mal?

La investigación nos habla de la desensibilización ante la violencia como una respuesta natural frente a los elevados índices de crímenes y sucesos escandalizantes que vemos en el día a día.

Cada vez que encendemos la televisión, los medios nos hablan de homicidios, hurtos a mano armada, casos de abuso sexual y violencia doméstica… Incluso las redes sociales se han convertido en una alternativa a la prensa tradicional para mantenernos al tanto de lo que ocurre en el mundo, el problema es que las “malas noticias” parecen ir más deprisa que las “buenas”, y el modo en que integramos los aspectos negativos de la realidad a nuestro entorno es acostumbrándonos a ellos, o al menos, dejando de verlos como sucesos extraordinarios.

En un principio, la desensibilización hacía referencia al proceso psicológico mediante el cual las personas superan progresivamente fobias y angustias patológicas; ahora, el término abarca un amplio escenario de constructos emocionales y cognitivos que hacen de la violencia un producto casual de la vida, algo trivial, inevitable y hasta divertido. El cine y la televisión han convertido la violencia y la criminalidad en el hilo conductor de películas, teleseries y canciones… Los niños ganan puntos en los videojuegos por cometer delitos e Internet no facilita las cosas: establecer filtros de seguridad no garantiza quedar exentos de contenido violento en las redes.

Los investigadores aseguran que la desensibilización es el resultado de la exposición prolongada tanto a violencia real como mediática, y puede mostrarse en la disminución de las respuestas fisiológicas, emocionales y psicológicas que normalmente harían parte de nuestros mecanismos de defensa para hacer frente a la agresión.

La desensibilización puede considerarse incluso un mal hereditario; algunos expertos opinan que cuando los padres o cuidadores primarios se acostumbran a la violencia, el consumo de drogas ilícitas o el sexo irresponsable en las películas, podrían ser más permisivos respecto a la mala conducta de sus hijos y ofrecer una educación desmejorada.

Entre tanto, más de lo mismo

Hace poco, la Universidad Northwestern publicó un estudio que haría temblar a cualquier miembro de la policía de Chicago.

Según los resultados de una investigación que recreó el proceso de obtención de un arma en la ciudad a través de redes y contactos en el mercado negro, cualquier persona puede tener acceso a un arma ilegal en 2.5 apretones de manos, lo que representa un camino demasiado breve y sencillo para la tercera ciudad con el mayor número de habitantes en los Estados Unidos.

Los resultados no sugieren necesariamente que cualquiera puede preguntar por un arma a la vuelta de la esquina y conseguirla de inmediato, pero sí la prevalencia de una red de tráfico organizada donde siempre hay alguien que conoce a otra persona que podría tener idea de dónde conseguir un arma de forma fácil y rápida.

Los adolescentes, y cualquier persona en general, están muy cerca de las armas, aunque conseguirlas no sea tan sencillo como ir por un helado. Esto es una realidad, es parte del día a día, y si bien no podemos negarlo o ignorarlo, resignarnos y actuar como si no sucediera nada puede estar haciendo que el problema se eleve a proporciones inimaginables.