por R. Arosemena P.
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Un análisis del centro de investigación estadístico Pew Research Center (PRC) encontró hace un par de años que el concepto de familia en los Estados Unidos ha cambiado de forma distinta en las grandes ciudades en comparación con los núcleos suburbanos y las comunidades rurales.

Cada vez hay menos personas interesadas en contraer matrimonio, y los perros y gatos se han convertido, también, en el sustituto número uno de la maternidad.

El hecho de que un segmento muy reducido de la población esté interesado en casarse hoy en día implica que hay cada vez más niños naciendo fuera de un matrimonio establecido, y creciendo con un padre o madre soltera, especialmente entre las personas negras de entornos rurales.

Las estadísticas indican que, entre 2012 y 2016, el 36% de los nacimientos en áreas urbanas ocurrieron fuera de un matrimonio; en regiones suburbanas, el 34%, y en zonas rurales, el 39%.

Ahora bien, la pregunta que muchas personas – y, en especial, los más jóvenes – pueden estarse haciendo es, ¿qué significa estar casado después de todo? En cifras generales, casi la mitad de los americanos mayores de 15 años convive bajo la figura del matrimonio (el 48%, según PRC), sin embargo, los números estiman la tasa de divorcio actual entre el 42% y el 45%. La Asociación Americana de Psicología habla incluso de un 50%, y probabilidades mucho más altas de separación para quienes deciden casarse de nuevo.

Es entendible que hallar opiniones en contra del matrimonio sea más sencillo que hallar opiniones a favor.

La idea de que casarse puede echar a perder una relación aparentemente feliz es tan frecuente como oír a las feministas radicales hablar en contra de la hegemonía de la maternidad, pero recientemente, no solo el matrimonio ha sido visto como la boca del lobo que debe ser evitada, también las “relaciones formales” e, incluso, la monogamia.

El poliamor ha tomado impulso entre las generaciones más jóvenes. La organización sin fines de lucro Loving More, fundada en 1985, apoya las relaciones poliamorosas y lleva a cabo jornadas educativas para “enseñar a las personas acerca del poliamor como una elección válida en una relación amorosa y dentro de un estilo de vida familiar”.

La postura de Loving More es que cualquier persona en una relación poliamorosa puede tener hijos e incluso casarse antes o después de incluir a una tercera persona en la ecuación. “También encontrarás a muchos que han elegido comprometerse con una pareja o más sin estar legalmente casados”.

Poliamor, monoamor, relaciones abiertas… ¿qué tan lejos se puede llegar?

La salud mental y desarrollo saludable de los niños es la principal objeción de la opinión pública en contra del nacimiento de niños fuera de una relación estable – preferiblemente, un matrimonio. La Asociación Americana de Psicología afirma que los matrimonios saludables son positivos tanto para la salud física y mental de la pareja como para el bienestar de los hijos. “Crecer dentro de un hogar feliz protege a los niños de problemas mentales, físicos, educativos y sociales”.

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¿Pero qué hay de las familias no convencionales? ¿Los matrimonios o uniones libres entre personas del mismo sexo o los niños criados por sus tíos y abuelos?

Loving More asegura que, lo más que puede decirse al respecto debido a la ausencia de estudios definitivos, es que “las familias poliamorosas sólidas son muy buenas para los niños, y las disfuncionales son tan dañinas como los malos hogares monógamos”.

Para la psicóloga Shauna Springer, el matrimonio, simplemente, no es para todos:

“Muchas personas llevan vidas profundamente satisfactorias sin casarse nunca. Sin embargo, sí sé esto: el amor y el romance de por vida en el matrimonio es posible”.

Muchas opiniones y preguntas distintas rondan el tema de la vida amorosa y familiar en soltería, poliamor o unión libre. Es claro que la perspectiva moralista y religiosa abogará siempre por la necesidad de formar un hogar amparado por la figura del matrimonio en armonía, lealtad y fidelidad; sin embargo, en el mundo real las cosas están cambiando a un ritmo vertiginoso, y no seré la única que se pregunte si, acaso, las relaciones poliamorosas son el futuro.

En una sociedad donde poco más del 60% de los jóvenes se identifica como exclusivamente heterosexuales, la liberación sexual ha tomado una importancia mucho mayor que en el pasado. Ipsos reporta, con base en datos recopilados entre agosto y septiembre de 2017, que la generación Z (nacida entre 1994 y 2010) es más abierta sexualmente que la generación Millennial, la generación X y los Baby Boomers.

Aun así, la generación más liberal en los últimos 100 años conserva prioridades convencionales: la familia, la educación, la solidez financiera y la equidad.

“¿Libertad o libertinaje?”

Sofía ha estado casada por 15 meses luego de 5 años de relación con Steve. Aunque se considera una mujer moderna y apoya ciegamente los derechos de la comunidad LGBT, el poliamor y la idea de criar a un niño fuera de un hogar estable es “demasiado” para ella:

“No digo que las personas tengan que casarse forzosamente para tener una familia feliz y criar hijos felices, pero creo que tiene que haber cierto grado de convencionalismo. Hay ciertos valores que no puedes introducir en este tipo de modelos (como el poliamor), porque deja de ser un asunto de libertad y se convierte en libertinaje. Esa es mi opinión”.

Para la antropóloga Helen Fisher, la única razón por la que nuestra percepción acerca del amor y el matrimonio se ha vuelto tan rígida es el proceso evolutivo del concepto. Hemos pasado de considerar el matrimonio un contrato socioeconómico para convertirlo en un indicador de afecto, en una prueba de “amor verdadero”.

Lo que sigue después, es un asunto personal.