Los símiles y comparaciones en los medios son normales, nos dan una forma de tener noción sobre un tema desconocido poniéndolo lado a lado con algún otro tema o situación conocida. Son constantes en nuestras historias e ideas, y transforman la realidad que no percibimos a través de una exposición parcial que nos exime de tener que estar ahí, en el lugar de los hechos, para conocerlos. 

Aquí empieza el terreno fangoso.

Muchas veces, escuchamos en la prensa nacional e internacional cómo alguna situación o decisión nos llevará a otra en particular, ignorando el trasfondo o quitando la compleja red de eventos que dan paso a un escenario destacado del resto, tal y como sucede con Venezuela, el socialismo y los malos caminos.

“En todas partes, desde la cultura popular hasta el sistema de propaganda, hay una presión constante para que la gente sienta que no puede hacer nada, que el único papel que pueden tener es ratificar las decisiones y consumir”

– Noam Chomsky

Siendo parte de ello todos los miembros de las sociedades occidentales, los comentarios de hiperinflación, pobreza, corrupción, violencia e ideología no hacen más que rayar en la fría superficie de la corteza terrestre, bajo la cual hay miles de kilómetros repletos de causas y consecuencias que reaccionan al día a día dinámico de la población latinoamericana. 

Fotografía tomada en las calles de Venezuela en julio de 2008, a favor del gobierno de Hugo Chávez. Imagen CC Andreas Lehner

El desconocimiento se convierte en fuente de señalamientos apáticos, siendo la excusa para atacar personas y grupos a lo largo y ancho del mundo. Las respuestas a estas acusaciones no suelen ser satisfactorias; se repiten datos que se conocen una y otra vez, pintando la situación en Venezuela como mero alarmismo, una exageración de la realidad. 

Vivir en el país y ver cómo hablan de la población en el extranjero solo alimenta la impotencia de muchos al no ser parte del discurso, ser dejados fuera y verse reducidos a números y datos que no se reflejan en la intrínseca realidad del día a día de los venezolanos.

Para resolver, hay que entender, y a veces nos tapamos los oídos a la vida de los demás.