Entre todo el material que se ofrece en la plataforma de Netflix y la inundación de ofertas disponibles, existen pequeñas producciones detrás de los grandes nombres que guardan un espíritu más cercano y personal al de las grandes carteleras.

Es así como los usuarios pueden acceder a contenido realmente interesante, productos de calidad que superan las expectativas iniciales, como es el caso de The Good Place.

The Good Place es una serie de comedia ligera sobre un “Buen Lugar”, a veces llamado El Paraíso o El Cielo. Solo logran entrar las personas que obtienen altos puntajes en un sistema donde se evalúan las buenas y malas acciones a lo largo de la vida. También se menciona la existencia de las “almas gemelas”, que se reencuentran y permanecen juntas en este nuevo lugar haciéndose compañía y compartiendo experiencias nuevas que se abren ante ellos.

¿Por qué siempre les pasan cosas malas a personas mediocres que mienten acerca de sus identidades?

– Eleanor Shellstrop (Kristen Bell), The Good Place, Temporada 1: The Eternal Shriek

La serie inicia cuando la protagonista se da cuenta de que no merece estar en un lugar tan bueno, y que está ocupando el lugar de otra persona que sí lo merece. Entonces, intenta justificar su pertenencia fortaleciendo su relación con su alma gemela – un profesor de Filosofía, Ética y Moral durante su paso por la tierra – mientras explora los secretos más recónditos de este supuesto paraíso.

Con influencias consistentes de grandes series como Friends y Twin Peaks, The Good Place logra generar un ambiente, una trama y unos personajes que la audiencia puede percibir como ligeros y frescos, pero que cumplen su tarea a la hora de profundizar en reflexiones sobre la vida, la muerte, el más allá y la teoría de causa-efecto.

De hecho, la serie contempla mucho más de lo que vemos regularmente en la televisión, explorando conceptos abstractos como el bien y el Mal, y el más allá.