por R. Arosemena P.
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En abril, la Universidad de California publicó los resultados de un estudio que asocia los prejuicios contra los inmigrantes con un riesgo de mortalidad elevado en ciudadanos de ascendencia extranjera nacidos en los Estados Unidos. De acuerdo con los expertos, los estigmas y la discriminación afectan mucho más a los estadounidenses de ascendencia inmigrante que a quienes han nacido en el extranjero y han emigrado posteriormente al país, básicamente porque han internalizado menos el racismo y los prejuicios, y no resultan verse tan afectados como los hijos de inmigrantes latinos que han nacido en los Estados Unidos.

Males como la depresión y la ansiedad son comunes entre los adolescentes de ascendencia latina que sufren acoso escolar por su procedencia. Se ha comprobado que la exposición temprana a la discriminación puede tener efectos negativos severos en la salud mental e influir en la adopción de comportamientos dañinos, como el consumo de drogas ilícitas, el alcoholismo y la violencia. También es un hecho que las minorías étnicas son víctimas de los estigmas con mayor frecuencia que los blancos; visto bajo el prisma de la vida cotidiana, estos resultados no revelan, quizás, ningún problema nuevo, pero subrayan la importancia de tomarnos las cosas mucho más en serio.

Aunque los investigadores aseguran que vivir en ciudades donde es previsible el apoyo de la comunidad latina puede ayudar a los inmigrantes a desarrollar barreras contra los prejuicios, la verdad es que nadie debería conformarse con ofrecer esta realidad a nuestros niños. No es la mejor alternativa, no es lo mejor de nosotros, podemos dar mucho más y la sociedad necesita saberlo. Todos necesitamos entender que decir a los niños que el acoso y la intolerancia están mal no es suficiente, lo que en realidad necesitamos es un sistema de educación y crianza dispuesto a hacer de la conciencia multicultural parte fundamental de la agenda.

La conciencia multicultural, que se refiere al reconocimiento, la sensibilidad y empatía hacia los problemas de la diversidad cultural que afrontan los alumnos en el aula, es crucial para ofrecer a los niños una mejor educación y promover resultados positivos para todos. La Asociación Americana de Psicología (APA) dice que la socialización étnica y racial es parte imprescindible de la crianza, y que los padres deben hacerse cargo de brindar a sus hijos valores y principios sólidos, así como una noción acerca de lo que significa la raza y la etnia. Está bien decirle a los chicos de dónde vienen, quién es su familia y lo que otras personas opinan al respecto, pero lo más importante es transmitirles una cultura de dignidad personal que los haga sentirse orgullosos y cómodos con el color de su piel, su nombre o su apellido.

Los niños y adolescentes que entienden que otras personas pueden tener una perspectiva negativa de ellos, pero saben que esto es un punto de vista subjetivo y que tanto sus padres como otros adultos los apoyan, tienen menos probabilidades de desarrollar conductas negativas y más chances de afrontar asertivamente momentos difíciles o manejar experiencias estresantes en el futuro. Ofrecer esto a los niños está en nuestras manos, no necesitamos políticas de estado ni representantes de gobierno flexibles para hacerlo, solo comunicación con nuestros hijos, unidad familiar, solidaridad con nuestros vecinos.

Reconocemos fácilmente la necesidad de desarrollar e implementar vacunas contra enfermedades físicas como la influenza, pero un tratamiento real y universal para combatir la ignorancia y la discriminación a menudo queda en segundo plano… y vaya que lo necesitamos.