La discriminación hacia los latinos ha afectado históricamente su desarrollo y desenvolvimiento en los Estados Unidos. El problema es consistente y se extiende también al escenario militar; de hecho, entre los años 1995 y 2016, solo un latino fue promovido a general de tres estrellas, incluso cuando la cantidad de oficiales latinos en servicio activo se duplicó (de 6.117 a 15.033).

El temor de la comunidad hispana es que, a medida que aumenta la participación latina en la fuerza de servicio activa, también sea mayor la discriminación. La preocupación está bien justificada tomando en cuenta que, solo en 2015, el 12% de todo el personal en servicio activo era de procedencia latina, en comparación con el 9% en 2004.

La diversidad cultural ha ganado visibilidad en la milicia, pero ¿equivale esto a un aumento en las oportunidades para los hispanos?

Un estudio realizado con aviadores y publicado por military.com señala múltiples factores asociados con la discriminación contra los latinos. “Los aviadores alegan que la subjetividad de las evaluaciones de vuelo y la falta absoluta de diversidad en la aviación de combate contribuye a crear una atmósfera de sesgo implícito o inconsciente que deja a los aviadores pertenecientes a una minoría racial en desventaja frente a sus contrapartes blancos”, dice el informe.

Además, el “nacionalismo blanco” persiste. Un estudio realizado a partir de una encuesta a los lectores de Military Times halló un incremento en las opiniones racistas entre las tropas: del 42 por ciento en 2017 a más de la mitad de los encuestados en 2018.

La segregación racial en el ejército ha sido un problema desde la Segunda Guerra Mundial; los números y los testigos insinúan a la comunidad que las cosas no han cambiado lo suficiente, e incluso se cree que las políticas de la administración Trump han empeorado la situación:

“Tengo varios colegas que han dicho que tienen “derecho” (a discriminar)” escribió un miembro del servicio anónimo citado por Military Times. “Hacen declaraciones muy claras de un fuerte odio contra los negros, los musulmanes, los hispanos y los inmigrantes en general. Castigan a los demás reteniendo tareas, acciones, etc. No tenía idea de que tanto odio estaba presente en nuestro país (y en el ejército) antes de que se eligiera a este presidente; es horrible”.

“Y sin embargo, vinimos para quedarnos”

Para nadie es un secreto que el poder adquisitivo de los latinos superará los $1.7 billones a partir del próximo año, según el Centro de Crecimiento Económico Selig.

Se estima que, a medida que la población latina sigue creciendo, también lo hará su presencia en el ejército; por ello, es necesario que el problema de la segregación sea abordado con urgencia, para lo cual es indispensable un trabajo en equipo entre el Departamento de Defensa, las organizaciones en defensa de los derechos humanos y los grupos militares.

El estado debe asumir retos incluyendo mecanismos legales que castiguen fuertemente la discriminación y que honren los ideales, valores y principios que engrandecen al ejército y a la nación.

El 31 de enero de 1942, el Pittsburgh Courier publicó una carta al editor de James G. Thompson, un hombre de Wichita, Kansas, que como muchos hombres de color de la época, se preguntaba cuál sería su rol durante la Segunda Guerra Mundial.

La carta se titulaba “¿Debería sacrificarme para vivir como un ‘americano a medias?”. En ella, Thompson escribió: “Siendo un americano de tez oscura y unos 26 años, estas preguntas han pasado por mi mente: ¿Debo sacrificar mi vida para vivir siendo un americano a medias? ¿Las cosas serán mejores para la próxima generación? ¿También serán exigentes? ¿Habrá que hacer mucho para exigir plenos derechos de ciudadanía a cambio del sacrificio de mi vida? ¿Vale la pena defender este tipo de Estados Unidos que conozco? ¿Será Estados Unidos una verdadera y pura democracia después de esta guerra? ¿Seguirán sufriendo las indignidades los estadounidenses de color?”. 

Es difícil saber si estas preguntas tienen respuesta incluso hoy.