Según la Organización Mundial de la Salud, las mujeres son más propensas que los hombres a la depresión y a la ansiedad, con casi el doble de posibilidades de sufrir un episodio a lo largo de su vida.

Las posibles causas se remiten a factores diversos que incluyen la parte biológica/hormonal, el estado socioeconómico, el papel de la mujer como cuidadora de otros seres humanos, el riesgo al trauma y la exposición a la violencia de género.

La mujer tiene un riesgo elevado de desarrollar episodios depresivos en los periodos de transición hormonal, como la menarquía, el embarazo y la perimenopausia. Estas diferencias de género empiezan a manifestarse durante la adolescencia e incrementan el riesgo de otros episodios subsecuentes.

La adolescencia

Los cambios hormonales que ocurren en la pubertad pueden aumentar el riesgo de depresión en algunas mujeres. Sin embargo, los cambios de humor temporales causados por las variaciones hormonales en la pubertad son normales y no causan depresión por sí mismos.

Los factores de estrés durante la adolescencia incluyen la formación de una identidad, la sexualidad en desarrollo, la separación del adolescente de los padres, aumento en la presión para alcanzar el éxito en la escuela, los deportes, la toma de decisiones por primera vez y otras áreas de la vida. Todo esto se suma a cambios físicos, intelectuales y hormonales.

Estos factores de estrés son generalmente diferentes para los varones, y en las mujeres pueden estar relacionados con la mayor incidencia de depresión.

Sexualidad femenina

Incluye el ciclo menstrual, el embarazo, el puerperio, la infertilidad, la menopausia y, a veces, la decisión de no tener hijos.

Muchas mujeres experimentan ciertos cambios físicos y de comportamiento asociados con las distintas fases del ciclo menstrual. En algunas mujeres, estos cambios son severos, ocurren regularmente e incluyen estados de depresión, irritabilidad, y otros cambios emocionales y físicos. Estos cambios, conocidos como síndrome premenstrual o trastorno disfórico premenstrual, típicamente comienzan luego de la ovulación y gradualmente se intensifican hasta que comienza la menstruación.

No está clara la interacción exacta entre la depresión y el SPM. Es posible que los cambios cíclicos del estrógeno, la progesterona y otras hormonas alteren la función de los químicos cerebrales que controlan el humor, como la serotonina.

El embarazo puede actuar como catalizador de uno de estos trastornos, ya que los cambios hormonales y físicos y la nueva responsabilidad de cuidar al recién nacido pueden tornarse muy pesados. También puede darse ante la dificultad de concebir, o tras un embarazo involuntario o un aborto.

Portrait of a Young Woman in Forest | Pixabay

Las fluctuaciones en el estado de ánimo durante el puerperio pueden variar desde “bajas” pasajeras del estado de  ánimo que ocurren inmediatamente después del parto, hasta episodios de depresión grave que se transforman en depresiones severas, discapacitantes y psicóticas.

El riesgo de depresión también puede aumentar durante la menopausia temprana o después de la menopausia. En ambas ocasiones los niveles de estrógeno se reducen significativamente. La mayoría de las mujeres que sufre síntomas menopáusicos molestos no desarrollan depresión, pero algunos factores pueden influir como el sueño interrumpido o escaso, la ansiedad o antecedentes de depresión, el aumento de peso o del índice de masa corporal, la menopausia a una edad temprana o la menopausia causada por la extracción quirúrgica de los ovarios.

Acontecimientos en la vida personal

Es más probable que las mujeres abusadas emocional, física o sexualmente de niñas o adultas sufran depresión en algún momento de sus vidas que aquellas que no sufrieron abuso. Las mujeres tienen más probabilidades de ser abusadas que los hombres.

Cultura

El rol de la mujer en la sociedad también puede influir en su susceptibilidad a la depresión. La función de madre, esposa y cuidadora, junto con las presiones de su hogar y la vida laboral, pueden incrementar el estrés, y el estrés prolongado conduce a la depresión. Otro factor de riesgo es que ellas son más sensibles a sus propias emociones y a las del resto, pudiendo interiorizarlas y agravar su decaimiento.

Las mujeres tienen muchas más probabilidades que los hombres de vivir en la pobreza, lo que causa preocupaciones como la incertidumbre sobre el futuro y la disminución del acceso a los recursos comunitarios y de atención de la salud. Estos problemas pueden causar sentimientos de negatividad, baja autoestima y falta de control de la vida.