El filósofo Platón, en su alegoría de la caverna escrita en el libro VII de La República, describe una cueva en la que habitaba un grupo de hombres, prisioneros de nacimiento con cadenas atadas a las piernas y el cuello.

Debido al encadenamiento al cual estaban sometidos desde que tenían razón, solo podían mirar hacia el fondo de la caverna. A sus espaldas, se encontraba un pasillo y, luego, al final de este, la entrada de la caverna. Entre la entrada y el pasillo se interponía una enorme hoguera. A través del pasillo, se pasean hombres con todo tipo de objetos que, gracias a la iluminación de la hoguera, proyectaban diferentes sombras en la pared del fondo de la caverna, que por supuesto eran vistas por los prisioneros.

Estos hombres encadenados consideraban como única verdad las sombras de los objetos que lograban ver. Debido a la situación en la que se encontraban, estaban condenados a tomar por verdad las sombras proyectadas, pues no podían ver más allá de lo que sucedía a sus espaldas.

La metáfora de Platón hace alusión o referencia a un mundo oscuro, el de la ignorancia y la apariencia, donde puede encontrarse ‘hombres’ que se encadenan a métodos y enfoques que los empujan a interpretar la vida solo desde un ángulo de la realidad, una sola forma de hacer las cosas, un paradigma.

Según la narración de Platón, si uno de estos hombres es liberado y obligado a ir hacia la luz de la hoguera, contemplará una nueva realidad: más profunda, completa y compleja. Esta verdad sería causa y fundamento de la primera realidad que está compuesta de meras apariencias o sombras; se convierte, así, la hoguera en un medio que puede ser utilizado para encontrar un nuevo conocimiento o para mantenerse en el existente.

Para lograr tal fin, es necesario echar mano a la educación. La formación de los individuos es un proceso complejo por los procesos, relaciones y actores involucrados. Esta formación integral debe comenzar con cambios significativos en nuestra forma de investigar y producir conocimiento, pasar del modelo científico tradicional al modelo psicosocial de reconciliación que describe Miguel Martínez en su libro “Nuevos Paradigmas de Investigación” y Carlos Sandoval en el libro “Investigación Cualitativa”. Para ello, se requiere esfuerzo, voluntad y disposición para asumir retos y cambios en la realidad circundante de los individuos y de la sociedad.

Como nos habla Platón, con el resplandor de la luz, el arte de dialogar, argumentar y discutir lo viejo, lo nuevo, lo conocido y lo desconocido, es posible contemplar y actuar en un mundo de objetos, personas y conocimientos que transforman nuestra realidad, articulando de forma adecuada y precisa la razón con los sentidos.

En la medida de lo posible, con los recursos y medios disponibles, no puede dejarse de lado la formación y educación en la sociedad actual, un patrimonio necesario para encaminar el proyecto global de futuro sostenible, justicia social y paz. Indiscutiblemente, sin educación no somos más que prisioneros de los sentidos, veremos sombras y obstáculos que nos impedirán progresar y materializar nuestros objetivos.