Xenofobia, racismo, machismo, clasismo… Todos son términos distintos que describen opresión a ciertos grupos sociales.

El término interseccionalidad fue acuñado por Kimberlé Williams Crenshaw en 1989, y se refiere a cómo todas las formas y personalidades sociales de un individuo no se dividen sino que se solapan, siendo imposible separar la raza, edad, nacionalidad, religión, casta, género, discapacidad o etnia de su perfil social.

Los medios destinados a ejercer algún tipo de opresión, dominio y control sobre una persona afectan todo el espectro de su individualidad, haciéndolo formar parte de un colectivo que sufre y es objeto de ataques constantes desde distintos ángulos a la vez. De esta manera, la causa social de la discriminación o la xenofobia no puede segmentarse, ya que múltiples factores se apoyan mutuamente entre sí para justificar la opresión.

Beth Tate

Las consecuencias del racismo y otras formas de discriminación se ubican en una compleja red de características casi universales

El concepto interseccionalidad nace precisamente de esto. Podemos tomar como ejemplo el llamado “Feminismo de Primera Ola”, donde la lucha por los derechos de la mujer fueron orientados a una casta y raza en específico, dejando por fuera a aquellas que, además, pertenecían a una religión o raza distinta a la aceptada.

De este modo, el movimiento se sectoriza y no genera un cambio social real sino que beneficia a sectores realmente pequeños. Cuando reconocemos esto, expandimos las metas de los movimientos políticos, facilitamos la unión y alianza de distintos bandos, que en esencia luchan por una misma causa: la hermandad de una humanidad sólida y dispuesta a vivir en un mundo mejor.