Mes de la Historia Negra: Malcolm, Martin y las formas de llevar el cambio

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El Mes de la Historia Negra es una ocasión anual que se festeja en febrero en los Estados Unidos y Canadá, y en octubre en el Reino Unido. Se trata de fechas importantes para recordar a grandes personajes históricos, eventos y logros de la diáspora africana.

El siglo XX estuvo marcado por importantes movimientos sociales que marcaron un antes y un después en la historia global, un cambio de paradigma en la lucha y exaltación de las culturas oprimidas a lo largo de la historia, eventos que son especialmente recordados entre el 1 y 28 de febrero de cada año.

Es necesario recordarlos y revisarlos para avanzar con la educación de masas en pro de un futuro mejor donde las minorías dejen de ser rechazadas y estigmatizadas. 

 

“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz a no ser que tenga su libertad” 

– MALCOLM X

La mayoría de las veces, cuando rememoramos el trabajo de hombres y mujeres valientes que alzaron su voz desde la diáspora para defender los derechos de sus semejantes, dos figuras importantes se unen al debate: Malcolm X y Martin Luther King. A veces, se considera que son dos caras opuestas de una misma moneda, ya que comparten un mensaje de liberación y reconocimiento del otro sin importar el color de su piel,aunque separando por los ideales de lucha:algunas, “civiles y calmadas”; otras, “violentas y hostiles”.

GALERÍA DE IMÁGENES DEL DOMINGO SANGRIENTO (1965) – ‘The Selma to Montgomery March’, o Domingo Sangriento, fue parte de una serie de protestas a favor de los derechos civiles ocurrida en 1965 en Alabama, uno de los estados con mayor prevalencia de conductas racistas y discriminatorias en la época. Cortesía de Getty Images.

El ejercicio es reflexionar en torno al desarrollo personal y psicológico de Malcolm y Luther King, que a lo largo de su vida evolucionaron en sus intenciones y métodos para llegar con mayor fuerza a una población ciertamente indiferente, y calar su mensaje. Malcolm tomó una perspectiva más universal y mansa con respecto a su identidad, y Luther King, poco a poco, fue arremetiendo con mayor crudeza contra las instituciones que se opusieron a su causa.

Así, el acto de hacer y ser revolución no implica un comportamiento particular o una actitud definida; en cambio, consiste en un proceso constante que perdura en el tiempo para llamar y responder por causas justas y necesarias.

No existe dicotomía entre un violento y un pacifista en esta lucha, sino tan solo una delimitación de lo que se concibe necesario para garantizar la libertad del espíritu humano.