En el pasado discurso de la Unión, el presidente Trump afirmó contundentemente que los Estados Unidos nunca será un país socialista (pese al interés de algunos). Que esta nación fue establecida sobre fuertes principios de libertad siglos atrás, y ninguna posible cohesión logrará hacer que las cosas tomen un rumbo parecido al de Venezuela. El socialismo, dijo Trump, convirtió al país más rico de Sudamérica en un territorio gobernado por la desesperación y la pobreza, oprimido por un “régimen asesino” que su administración considera ilegítimo.

El discurso, aunque celebrado calurosamente por la mayoría de los presentes en la sala, destaca por una imagen viral de Bernie Sanders sentado, resignado a aplaudir. Por supuesto, el detalle no pasó desapercibido en redes y medios, donde muchas personas no dudaron en afirmar que los Estados Unidos continuará en su vía de rechazo hacia el socialismo de por vida… Aunque un númeroconsiderablee de personas no sepa ni siquiera qué es realmente el socialismo. En la era de la tecnología y la información global, es sencillo para cualquiera expresar libremente su opinión en Internet, la radio o la televisión; cuando hablamos de socialismo, hay un estandarte en contra de toda posible herencia de la URSS que no ha dejado de hondear en las últimas décadas, e incluso podría decirse que ha pasado a convertirse en parte de la identidad americana.

La identidad americana está fundamentada en los principios de libertad y libre acceso a la propiedad privada. El socialismo representa todo lo que un país “libre” no elegiría jamás.

Los Estados Unidos ha desarrollado una campaña perpetua de aversión, una maquinaria de rechazo total hacia los rojos orientales divididos por la cortina de hierro, y para ello se ha omitido gran parte de la historia en el sistema educativo nacional, lo que ha facilitado ideas vagas de la política y las opciones disponibles para los votantes: o es blanco o negro, derecha o izquierda, no hay de otra. Un efecto secundario de esto ha sido la marginalización de la salud pública, el acceso gratuito a una educación superior o educación media de calidad y las demandas de distintas comunidades, ya que todo queda bajo el nombre de “políticas socialistas”, y esto causa rechazo y miedo absoluto en los grandes sectores de la población.

Lo que dejamos de lado la mayoría del tiempo es que la realidad política no siempre se trata de elegir un bando, dar solución a la problemática social amerita la capacidad de trascender los límites del partidismo y la ideología, ya que suelen ser las personas más vulnerables las únicas afectadas. Existen miles de ciudadanos que no tienen idea, siquiera, de lo que es el socialismo, y que, sin embargo, se convierten en víctimas de él porque encajan en un estereotipo social.  No se trata de proteger o defender un conjunto de ideas y rechazar otras, sino de promover una visión más pragmática de la política, una filosofía moderna que encaje con las necesidades reales del país, porque los problemas que encaramos (o dejemos de encarar) hoy dejarán raíces para las grandes crisis del mañana.