Lo prometido es deuda, tal como hemos anunciado desde el equipo de redacción de El Faro, esta semana va dedicada a las mujeres y su desenvolviendo en diversos contextos. Uno de ellos es el deporte.

Iniciaremos señalando que, según un estudio realizado por Judith Butler (2007), se evidenció la existencia de una tendencia a mantener una identidad vinculada donde el hombre es asociado a lo trascendente y, la mujer, a lo corpóreo. Con solo revisar los titulares de prensa que surgen de la mayoría de los certámenes deportivos puede verse la existencia sutil de dicha identidad. Por ejemplo, la Voleibolista Winifer Fernández, quien formó parte de la selección de República Dominicana en los Juegos Olímpicos del 2016, fue una expresión de juventud y talento junto con una excelente y considerable trayectoria deportiva. Dejó registros importantes de forma individual y en equipo, jugando posiciones como defensa, recepción y libero. Aunque su selección nacional no ganó medallas, su imagen circuló en medio haciendo alusión principalmente a su físico, y en menor medida, a su desempeño deportivo.

“Winifer Fernández y su provocativo voley que rompe las redes”, escribió el periódico virtual 30 Minutos de Colombia (Medina, 2016); Marca, diario de España, habló de “Winifer Fernández, la belleza dominicana por la que nos encanta el volley” (Marca, 2016). 

El motivo principal para mostrar la noticia con ese enfoque responde a las necesidades de un consumidor muy específico, pues los medios por lo general suponen que el espectador ideal es hombre y la imagen de la mujer “sirve únicamente para adularle”.

Se piensa que quien hace deporte profesionalmente refleja en su cuerpo ciertos rasgos que, más allá de asociarlos a la salud, tienen que ver con la forma. Sin embargo, el cuerpo de una atleta femenina no ha superado los estereotipos sociales. Como prueba, en un estudio publicado por la Cambridge University Press se evaluaron las principales recurrencias al referirse a los atletas en los Juegos Olímpicos de Río 2016: “mayor”, “edad”, “embarazada”, “casada” y “soltera” son las palabras más usadas para calificar a las mujeres; y, en el caso de los hombres, “rápido”, “fuerte” o “grande”. Según este estudio, las mujeres “compiten”, “luchan” y “participan”, pero los hombres “ganan” y “dominan” (Cambridge University, 2016).

Woman in sports / Cortesía de Pexels

Otro caso importante a resaltar es la gimnasta Alexa Moreno, quien fue víctima de bullying por su apariencia física, mientras que su rendimiento fue dejado a un lado por completo. Si bien en su país, México, no existe una trayectoria en esta disciplina, su presentación deportiva llamó la atención de la opinión pública y, sobre todo, en las redes, porque su figura no se ajustaba a los cánones fitness vigentes, aunque es parte de la realidad de un atleta.

Cuando Moreno se presentó en las competencias de los Juegos Olímpicos, su calidad deportiva no fue evaluada sino su cuerpo. En un artículo de la BBC, publicado en agosto de 2016, se describieron las principales impresiones del hecho, incluyendo la imagen de la atleta frente al uso de su cuerpo como objeto de burla.

Lo llamativo de este ejemplo no fue solo el apoyo generalizado que recibió Moreno sino su repuesta, corta y segura: “Soy mexicana y luzco como mexicana. No pueden esperar ver a una rubia” (BBC, 2016).

Este artículo, más allá de dedicar atención al deporte, busca abrir ideas y espacios para dar realce al arduo y duro trabajo que realizan las mujeres latinas en el mundo del deporte, promoviendo la importancia de enfocarnos en noticias objetivas donde ser mujer no impide rendir al máximo y destacarse en cualquier disciplina, incluso en aquellas que se consideran “privilegio de los hombres”.