Raza y cultura, ¿de qué estamos hablando?

Aunque falta poco menos de un mes para la celebración del Día de la Raza (o Columbus Day, en los Estados Unidos), es un buen momento para preguntarnos qué hemos entendido (y qué no) en torno al tema.

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Los conceptos ‘raza’ y ‘cultura’ parecen haber sido distorsionados a raíz de la cultura popular. Foto cortesía de Dazzle Jam.

Cuando el peleador de lucha libre Eddie Guerrero entraba al ‘ring’ y la canción ‘Viva la raza’ sonaba al fondo, los latinos enloquecían en la tribuna.

La procedencia ya era importante incluso en las antiguas tribus prehispánicas, donde el ‘origen’ decidía, por sí solo, la libertad o la muerte.

Aunque la mayoría de las personas asegura comprender a la perfección lo que implica pertenecer a una ‘raza’ y ‘cultura’, los especialistas consideran que es precisamente el desconocimiento y las creencias erradas lo que ha ocasionado tantos problemas a la humanidad.

El sociólogo, historiador y activista a favor de los derechos humanos W.E.B. DuBois decía que el mal del siglo XX guardaba relación directa con el color de piel, sin embargo, con el tiempo, el ‘problema’ ha escalado, y puede que uno de los factores que contribuyan a él sea la discreción innecesaria con que se habla del tema.

Hablamos de disparidad racial, desventajas, poblaciones vulnerables, pero cuando dos personas de ‘raza’ y ‘cultura’ distinta se encuentran, el resultado es un escenario creado por la ilusión de que existen diferencias imposibles de conciliar entre ambos, y que solo la tolerancia (también mal entendida) puede servir.

La raza es lo que vemos y cómo nos sentimos en relación con ello, sin embargo, no nos define, no nos hace especiales y tampoco nos obliga a tener que defendernos. Por desgracia, la ‘cultura de raza’ nos dice que podemos juzgar a los demás con base en sus características físicas, y esto supone incluir en el paquete los antecedentes y la opresión histórica que vivieron alguna vez aquellas personas con el mismo color de piel.

La sátira y la burla son ejemplos de cómo se materializa la ignorancia dando forma a etiquetas y estereotipos irracionales; puede parecer gracioso en la pantalla, pero en la vida real, alimenta el morbo y la discriminación.

“La raza es lo que vemos y cómo nos sentimos en relación con ello, sin embargo, no nos define”

La forma como pretendemos hacer que los niños se sientan orgullosos de ser latinos, negros o interraciales no ayuda a solucionar el problema. Decimos a nuestros hijos que son especiales porque son de un color en específico; este tipo de creencias, no obstante, dan fuerza a la idea de que existen grupos raciales incompatibles entre sí, y que debemos defendernos de la gente que luce distinta porque, con seguridad, buscarán la forma de despreciarnos por ser quienes somos.

Hemos confundido la apreciación de la diversidad cultural y racial con la automarginación social. En los Estados Unidos, por ejemplo, la cultura de raza se define por múltiples discusiones donde el color de piel o aspecto físico tiene más peso que la dignidad, especialmente entre personas que no son blancas.

No es que sea negativo reconocer nuestra procedencia, costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, sin embargo, hacerlo puede implicar, a veces, contribuir a la segregación, la misma de la cual nos quejamos y culpamos de ver nuestros derechos pisoteados.

Aunque parezca contradictorio, a menudo la segregación es resultado del lenguaje que tan fervientemente defendemos, y que encasilla a las personas en grupos regidos por la cultura de raza usando palabras como ‘bi-racial’, ‘negro’, ‘blanco’ y ‘asiático’. Incluso tendemos a elegir nuestro círculo social con base no solo en principios y valores compatibles, sino también en aspectos físicos similares.

La raza importa, es cierto, pero tal vez sea hora de mirar más allá de ella, de abrirnos a la experiencia de gozar y apreciar la existencia del otro sin ver primero su color de piel, expulsar de nuestra mente y corazón los estigmas, y vivir de tal manera que ni el miedo ni la ignorancia tomen las decisiones por nosotros. Entonces la raza y la cultura pasarán a ser atributos loables, y no motivo de combate a muerte con la vida.