por R. Arosemena P.
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Hay algo en los latinos que nos hace tener buena mano para los negocios. Tal vez sea la “calidez del trópico” o ese inconfundible don de servicio que hace a los turistas enamorarse de los pueblos antioqueños en Colombia y de las playas de México.

“Allí donde fueres, un negocio pusieres”, reza el designio de los inmigrantes latinos repartidos por el mundo, y es un orgullo pensar que, sin importar lo lejos que vayamos, es muy probable que encontraremos un puesto de arepas rellenas, tamales tolimenses y enchiladas hechas a mano por un autóctono de la región.

El emprendimiento forma parte de la cultura latina tanto como el trabajo duro y la constancia; no obstante, los obstáculos que enfrenta un emprendimiento durante sus primeros años de vida no son pocos, y más de una idea prometedora naufraga y terminan ahogándose en este periodo.

Los especialistas calculan que la tasa de supervivencia de las micro, pequeñas y medianas empresas en Latinoamérica es del 20%, lo que significa que 5 de cada 10 emprendimientos fracasan poco después de iniciar y, el resto, antes de cumplir el tercer año de vida. No son cifras muy positivas para los emprendedores latinos, sin embargo, conocer las razones que llevan al fracaso es la mejor forma de no repetir la historia.

Haciendo a un lado los problemas de capital y la mala gestión administrativa, los emprendimientos se van a la quiebra por un malentendido entre lo que significa emprender, negociar y comerciar. Muchas personas deciden emprender sin ser empresarios, únicamente porque sienten estar lo suficientemente preparados técnica o profesionalmente para iniciar su propio negocio. Por desgracia, ser el mejor electricista de la empresa no significa que una persona cuente, también, con las cualidades necesarias para independizarse con éxito.

El conocimiento técnico es solo uno de los atributos que comprende la decisión de iniciar un negocio, al igual que las ideas y sueños del emprendedor no son suficiente para hacerse con una pequeña fortuna. Cuando el conocimiento, la visión y la personalidad conspiran, el resultado es un empresario: alguien con la disciplina, paciencia, constancia y capacidades necesarias para materializar una idea y convertirla en un proyecto sostenible a futuro.

Las cualidades del emprendedor de éxito

Los empresarios más exitosos de nuestra época, cuyo nombre resuena en los libros de motivación personal, se construyeron a sí mismos sobre la marcha luego de pasar por situaciones incómodas, desfalcos, traiciones y el descreimiento de personas y seres queridos.

Las historias que narran la vida de gente extraordinaria suelen describen hechos francamente ordinarios, momentos de tristeza y desesperación que todos hemos sentido. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre los que “salen a flote” y los que no?

Imagen CC0 Snapwire

Sin duda existen cualidades que definen el éxito y otras que lo ahuyentan. Los empresarios que lideran hoy el mundo de los negocios a nivel global hacen énfasis en la importancia de elegir un emprendimiento que nos apasione, pero también que conozcamos a fondo; este es un punto crucial en la ecuación, pero no lo es todo.

Uno de los grandes errores que cometemos a la hora de emprender es olvidarnos del factor emocional y creer que, si somos capaces de atraer capital y desarrollar un buen producto, el negocio está asegurado. Warren Buffett es famoso por su fortuna y sabiduría:

“Si no puedes controlar tus emociones, no podrás controlar tu dinero”.

Las emociones juegan un rol más importante en los negocios de lo que podamos imaginar. Hacen que los “chicos malos” en la bolsa de valores tomen decisiones arriesgadas, e incluso lo llaman “análisis emocional”. Para un emprendedor, conocerse a sí mismo es mucho más valioso que conocer a la competencia, después de todo, es más sencillo saber hasta dónde llegarán los demás que terminar de explorar hasta dónde somos capaces de llegar nosotros.

Con base en esto, las cualidades del emprendedor de éxito pueden agruparse en:

  • Sed de conocimiento, para nunca dejar de aprender
  • Un grado de conciencia espiritual (no necesariamente religioso) para mantener la calma en momento difíciles
  • Una inteligencia emocional desarrollada para reconocer sus propias fortalezas y debilidades
  • Inteligencia social, para detectar las necesidades del resto y convertirlas en oportunidades
  • Una disciplina fortalecida para trazar, respetar y seguir “El Plan”

Como la psicología constructivista demuestra, el empresario — al igual que el líder o el doctor — no tiene que nacer listo para la acción, sino que puede “hacerse a sí mismo” en el camino de la vida, con una poderosa voluntad de aprender y mejorar. Existen muchas herramientas disponibles hoy en día para los latinos; entre ellas, los audiolibros y podcasts de negocios y emprendimiento gratuitos son una excelente opción para comenzar a auto-educarse, están disponibles en toda la red y ofrecen recursos muy válidos para quienes desean fortalecer sus cualidades de empresario.

Los artículos, revistas, blogs y cursos en línea gratuitos son otra alternativa que los latinos tenemos a mano y que no representan inversión más que un poco de nuestro tiempo. Tiempo que, al final, valdrá oro.