E ntre 2006 y 2018, Michael Cohen fue reconocido como una figura pública destacada principalmente por su papel como abogado personal de Donald Trump, representando al mandatario en eventos y controversias a lo largo de su carrera política.

Esto hizo que Cohen se convirtiera en eje principal y foco de atención en lo que respecta a la veracidad de las acusaciones contra Donald Trump, entre ellas, posibles casos de acoso sexual y artimañas secretas con el gobierno ruso para sabotear los resultados de las elecciones presidenciales de 2016. 

El próximo 7 de febrero, podría ponerse a prueba esa vieja costumbre según la cual el abogado salvaguarda los secretos y la vida privada de sus clientes, incluso por encima de la ley. Cohen, que se declaró culpable el pasado mes de agosto, ha trabajado en conjunto con miembros de la oficina de abogados de Nueva York para ir reduciendo su sentencia y cargos, y limpiar su nombre.

Ahora, el nuevo estandarte de Cohen parece rezar: “El ciudadano americano merece respuestas y justicia”, un indicio de que podría estar dispuesto a escarbar en terreno frágil y dar mucho de qué hablar a la prensa y el mundo durante mucho tiempo. De hecho, hace un mes, Cohen ofreció una entrevista a ABC News donde confesó que el presidente Trump siempre supo que sus acciones eran incorrectas y susceptibles de ser castigadas por la ley en cualquier momento.

Sin duda, lo que el pueblo estadounidense se pregunta a última hora es si los actos y mentiras de Cohen podrán ser expuestas, y si realmente serán sancionadas por la ley luego de un paro indefinido del gobierno que ha perjudicado a cientos de personas honestas y trabajadoras, gente que no ha mentido a los federales para ocultar los “trapos sucios” del presidente.

Gente que merece una respuesta.