por R. Arosemena P.
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En 1973, la homosexualidad dejó de ser incluida como una enfermedad mental en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) editado por la Asociación Americana de Psiquiatría. Cinco años antes, en junio de 1969, había tenido lugar la Rebelión de Stonewall, en Manhattan, el primer movimiento masivo de la comunidad LGBT en los Estados Unidos para protestar en contra del abuso policial y exigir sus derechos.

Los disturbios iniciaron a primera hora del 28 de junio, cuando la policía de Nueva York allanó el club gay Stonewall Inn, en Greenwich Village. Los oficiales sacaron a los empleados y clientes del bar en medio de una turba donde participaron los residentes del vecindario, y lo que parecía una redada común se convirtió en seis días de protestas y enfrentamientos violentos. Había nacido el Orgullo Gay.

El movimiento a favor de los derechos de la comunidad gay inició luego de largos años de represión, aislamiento y discriminación en una sociedad donde los homosexuales y transgénero solo podían reunirse a oscuras en bares y clubes, y aunque las cosas han cambiado positivamente para el colectivo LGBT, todavía hoy subsisten fuertes estereotipos que propician el odio y la injusticia.

Ana, una joven mexicana, sabe lo que se siente crecer en un entorno donde ser homosexual es igual o más deshonroso que ser un criminal. “La cultura mexicana de por sí es machista”, opina. “Obvio esperan que te cases con un hombre, seas una buena esposa y tengas hijos. No importa si no estudias ni trabajas”.

Otro dardo en contra de la comunidad LGBT es, irónicamente, la actitud que muchos homosexuales y transgénero adoptan para “defenderse” de la sociedad. “Me han dicho que somos malos porque somos groseros, o muy agresivos, o muy promiscuos, pero la gente no se pone a pensar que solo es una forma de enfrentar el mundo, de hacernos los fuertes”.

La mujer en primer plano tiene un cartel para recordar a la gente la impactante represión de la comunidad LGBTI en Uganda. El gobierno y su presidente Yoseri Museveni son responsables de años de persecución y delitos de odio. En febrero de 2014, Museveni promulgó una ley y un acto que aumentaba las penas contra los homosexuales, con el castigo de cadena perpetua para las personas LGBT que continúan cometiendo el “delito de homosexualidad”. Imagen CC Alisdare Hickson

Las últimas estadísticas de crímenes de odio publicadas por el FBI en 2016 indican que un 16.7% de todos los crímenes fueron cometidos con base en la orientación sexual de las víctimas, un número sustancialmente bajo en comparación con países en vías de desarrollo como Uganda y Nigeria. En Uganda, la prensa acostumbra publicar colecciones fotográficas de hombres homosexuales, incluso cuando revelar su identidad podría causarles la muerte.

Datos de la Agencia de Refugiados de la ONU confirman que 77 países en el mundo criminalizan actualmente las relaciones entre personas del mismo sexo, y siete castigan la homosexualidad con pena de muerte. Esto ha hecho que el número de solicitudes de asilo bajo la categoría “miembro de un grupo social particular” haya aumentado en los últimos años, con Canadá y los Estados Unidos como principales destinos.

Los solicitantes de refugio que ingresan a nuestro país provienen de países tan lejanos como Turquía, Armenia, Azerbaiyán y Rusia.

Para Ana, la magnitud que tiene la celebración del mes del Orgullo Gay en los Estados Unidos es una oportunidad para sensibilizar a las personas y enviar un mensaje claro a la comunidad: el Gay Pride no tiene nada que ver con sexo, sino con libertad. “No es que nosotros estemos exigiendo nuestro derecho a ser homosexuales, el punto es el derecho a ser nosotros mismos y que no nos persigan o agredan por eso, y no tener que salir de nuestros países de origen para poder amar”.