Agentes de la TSA, diplomáticos en el extranjero, cocineros de la Casa Blanca, comisionados de la FDA, programas de Food Stamps y distintos funcionarios públicos van camino a 30 días sin paga en lo que se ha convertido en el cierre de gobierno más largo en la historia de los Estados Unidos.

El shutdown actual representa una estadística bastante alta tomando en cuenta todas las personas que dependen del presupuesto para subsistir y los programas de ayuda social y desarrollo nacional que requieren de la aprobación del Congreso.

Hace un tiempo, en El Faro hablamos sobre las intenciones del presidente Trump de retener (y obstaculizar) funciones gubernamentales hasta que el presupuesto para el muro fronterizo sea aprobado.

Vale la pena aclarar que, para que un presupuesto sea aprobado, tiene que ser votado tanto por la casa de Republicanos como por la de Demócratas, y es aquí donde el público puede llegar a detectar claras intenciones de poder y continuidad.

En las últimas dos semanas, los Demócratas han votado y aprobación 9 veces el presupuesto, mientras que en el GOP – además de no contabilizar votos – hemos visto situaciones extrañas, como la presentación de la renuncia de Tom Marino y el absentismo laboral de algunos personajes, como Mitch McConnell.

Tal ha sido la presión por parte de otros miembros del Congreso que se han realizado búsquedas dentro del Capitolio para intentar descifrar el paradero de los ausentes, cuyo voto es necesario para la aprobación del presupuesto y la re apertura oficial del gobierno.

Aunque muchos apostarían que el GOP siempre apoyará a Trump sin importar las consecuencias, todo parece indicar que la conciencia ciudadana, la libre elección y la democracia pueden inclinar la balanza incluso entre los copartidarios del presidente.