El pasado 7 de febrero, se hicieron públicos los lineamientos y metas a seguir para transformar la economía americana en un importante agente opositor ante el cambio climático. La propuesta, que lleva el nombre de la representante Ocasio-Cortez, pretende brindar los pasos a seguir para el establecimiento de una economía de vanguardia que impulsaría una “revolución verde” justa y necesaria para tomar acciones directas en relación con el mayor problema que enfrenta la humanidad: el deterioro progresivo del planeta.

Muchos escépticos, en espera de un plan perfecto, dan a la Tierra por muerta y hacen énfasis en las ganancias y beneficios a corto plazo que todavía pueden extraerse de la explotación de los recursos naturales. Para dar prioridad al libre comercio internacional, se han divulgado comentarios negativos en los últimos días en torno a la propuesta, información que difiere bastante del material legislativo presentado al Congreso.

Pero ¿qué propone realmente el Green New Deal?

Para empezar, la propuesta discute ideas interesantes como la inversión en una infraestructura de trenes alternativa al sistema actual, así como la inversión pública en sectores dedicados al desarrollo de energías alternativas que puedan despachar por completo a los combustibles fósiles en la red eléctrica y energética en todo el país.

Igualmente, se habla de formas de generar y mantener un mecanismo que propicie la limpieza de contaminantes presentes en el medio ambiente para aliviar las consecuencias del fenómeno global ocasionado tras doscientos años de actividad humana desmedida (posterior a la Revolución Industrial) que pone en riesgo sociedades enteras a corto, mediano y largo plazo.

Quienes afirman que la propuesta plantea gastos innecesarios que el estado no puede asumir, ignoran aspectos como el incendio Carr ocurrido el año pasado, el incidente ambiental más costoso que ha tenido el país en décadas. La supresión de un incendio tan masivo implica costos extraordinarios que superan los $25 millones de dólares, por no mencionar las pérdidas de propiedades privadas, que superaron los $200 millones. Al cálculo, vale la pena sumar los reportes anuales de tormentas y huracanes que ocasionan daños irreversibles en todo el mundo. 

Al fin y al cabo, es mejor prevenir que lamentar.