Nacemos y crecemos en lugares que no elegimos, en un entorno variado que no coincide necesariamente con los principios que construimos como ideales. 

Cada país consta de recursos válidos que planifican y organizan la vida de quienes residen dentro de sus fronteras, mejorando las oportunidades del ciudadano promedio y contribuyendo a la idea de un estado próspero y dichoso. Esta figura (generalizando, en la medida de lo posible) es financiada a través de los impuestos, un tema amplio al que muchos economistas dedican su vida para aportar un grano de arena.

Dado que la economía puede adoptar, a veces, la forma de un desierto difuso, los espectadores y protagonistas deberían estar informados de antemano en relación con las decisiones tomadas por el gobierno y las inciertas consecuencias que estas ocasionan en el día a día del ciudadano común. 

Por desgracia, la información no siempre es exacta o precisa, lo que da lugar a malos entendidos que eventualmente preceden una polémica nacional.

“Si el conocimiento fabrica problemas, no será a través de la ignorancia que podamos resolverlos” – Isaac Asimov

Ehud Neuhaus

Una propuesta para subir en un 70% los impuestos a personas de alto poder adquisitivo es suficiente para iniciar una disputa sobre desigualdad social y cuestionar el rol del gobierno para mejorar el panorama social. El primer argumento es que la propuesta (apoyada por congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez) pretende quitar el 70% de los ingresos brutos que reciben ciertos individuos en un año fiscal, sin embargo, lo que realmente propope el sistema es un tax brackets donde, a partir de un margen determinado, se calcula lo que debe pagar el acreedor.

En el debate mediático, poco se ha hablado de cómo los impuestos llegaron a ser del 90% en la década de los 50, tampoco se habla del gobierno de Ronald Reagan, periodo en que los impuestos bajaron al 50%. ¿Y qué hay de los cerca de $2 mil millones de dólares en recortes de impuestos en el gobierno de Donald Trump, lo cual beneficia a ciertas élites antes que ayudar a la clase media y baja, donde está la mayoría de los americanos?

En comparación, se estima que la deuda estudiantil universitaria ronda esta misma cifra.

No se trata de adoptar una postura en contra o a favor, sino de indagar al respecto antes de posicionarse en un bando. Finalmente, el mayor peligro no es el aumento en los impuesto o su disminución, sino desplazarnos en una línea de tiempo sin tregua donde la ciudadanía desecha temas importantes sin debatirlos con el detalle que merecen.