por R. Arosemena P.
rita@elfaroweb.com

 

 

 

La contienda Rick Scott Vs. Bill Nelson es uno de los enfrentamientos políticos más interesantes del año. Quienes declaran ganador a Nelson antes de sonar la campana tienen razones de peso para sentirse confiados, la historia marca una clara tendencia a castigar al partido que oficia la Casa Blanca cuando los niveles de popularidad del presidente son bajos.

Este indicador es determinante considerando que, a pesar de la ligera mejoría registrada en los últimos meses en la aceptación de Donald Trump (según Rasmussen Reports), seguimos estando frente a un gobierno con índices de desaprobación históricos (de acuerdo con FiveThirtyEight).

Un análisis de las últimas encuestas indica (de nuevo, según FiveThirtyEight) un 54.3% de desaprobación para el mandato del presidente Trump y un 40.2% de aprobación. Tomando en cuenta que para nadie es un secreto el papel de Rick Scott como uno de los principales porristas de Trump durante y después de la campaña electoral, es muy probable que la habilidad de Scott para mantenerse alejado del presidente sea fundamental en la tarea de inclinar la balanza a su favor, en especial cuando algunos comentarios de Trump ya han puesto a “sudar” al gobernador de la Florida.

Día de trabajo del Gobernador Rick Scott en el Florida Bass Conservation Center en Webster; 27 de septiembre de 2012. Imagen CC Tim Donovan/FWC

Scott hizo lo políticamente correcto hace un par de meses cuando el presidente Trump dijo, de acuerdo con diversas fuentes noticiosas, que el país no debería recibir inmigrantes haitianos o provenientes de África por tratarse de naciones sucias y desagradables (ateniéndonos a una traducción textual del término presuntamente utilizado). “Si en realidad dijo eso, está absolutamente mal hablar o pensar de esa manera. No pienso así y no estoy de acuerdo con ese tipo de sentimientos”, declaró Scott en un comunicado crucial para la Florida, que aloja el mayor número de residentes haitianos del país.

El gobernador fue también uno de los primeros altos mandos republicanos en pronunciarse a favor de la implementación de medidas de control de armas luego del tiroteo en Parkland. El pasado 9 de marzo, Scott firmó una ley de control de armas para la Florida que aumenta el límite de edad para comprar rifles largos de 18 a 21 años e impone un tiempo de espera obligatorio de tres días para las aprobaciones de compra. El apoyo de Scott ha sido vital para la comunidad estudiantil y los familiares de las víctimas de Parkland, pero ¿quién puede decir que la política orquesta siempre actos desinteresados?

Que lance la primera piedra quien no haya atado cabos cuando el gobernador Scott hizo oficial su candidatura al senado un mes después de haberse “divorciado” de la NRA para apoyar la iniciativa del control de armas.

Después de todo, hace apenas un año escuchábamos a Rick Scott decir con orgullo en la reunión anual de la NRA en Atlanta que los floridanos amaban los turistas, los nuevos residentes y la Segunda Enmienda. “¿Qué significa ‘no infringirá el derecho de las personas a portar armas’? Significa ‘no debe infringir’. No es realmente muy complicado”, declaró Scott públicamente el año pasado, a pesar de que el tiroteo en el bar gay de Orlando, que cobró las vidas de 49 víctimas, había ocurrido el año anterior.

¿Un súbito despertar de conciencia altruista o una movida política clásica?

El equipo de Nelson prefiere creer lo segundo y confiar en que el pueblo votará sabiamente a favor de un hombre que ha representado a la Florida desde el 2001.

Una moneda de dos caras… pero sin carisma

Nelson luce bien en los números; de acuerdo con Morning Consult, el estado aprobó, hasta el último cuatrimestre de 2017, la gestión del senador Nelson en un 51% versus un 26% de desaprobación, lo que significa una aprobación neta de 25 puntos. Son los mejores resultados entre todos los senadores postulados para la reelección este año. No obstante, un punto interesante (y desconcertante al mismo tiempo) son los resultados de una encuesta publicada el año pasado por el laboratorio de opinión pública de la University of North Florida.

El senador Bill Nelson, demócrata de Florida, hace una declaración al inicio de la audiencia del Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado, el miércoles 25 de julio de 2012, en el Capitolio de Washington. Imagen CC Paul E. Alers/NASA

Según los datos, un 49% de los votantes (casi la mitad de la Florida) no sabe lo suficiente de Bill Nelson ni de lo que ha estado haciendo los últimos 17 años en el senado. La encuesta tuvo un registro de sólo 838 participantes y un margen de error del 3.9%, pero, técnicamente, nos refiere un empate estadístico alucinante.

La explicación parece ser el poco carisma e inclinación protagónica de Nelson. No es un tipo que vayamos a ver todos los días en la televisión, o que oxigene su Twitter cada dos horas. No es un Marco Rubio o un Donald Trump de las redes. Nelson es, más bien, un hombre sereno que nos recuerda la importancia de cuidar el medioambiente en el Día de la Tierra y las consecuencias nefastas de la extracción de petróleo de las costas.

Es la clase de persona que publica artículos informativos para que nos aseguremos de revisar que nuestros cinturones de seguridad funcionan bien, y que estamos reduciendo nuestra huella de carbono. Si esto es una ventaja o una desventaja, está en manos de los votantes decidirlo.

En el cara a cara numérico, Scott no se queda atrás. El índice de popularidad de los gobernadores lo sitúa en un 58% de aprobación, según Morning Consult, contra un 31% de desaprobación. Desde luego, vale la pena recordar que el presidente Trump apenas y logró ganar en la Florida en 2016 por poco más de un punto, y en la política todo guarda relación.

Rick Scott no es tampoco ningún genio del carisma y la opinión. Aunque utiliza sus redes sociales de forma más estratégica que Nelson para asegurarse de que los votantes saben lo mucho que le importa la comunidad, el entusiasmo con que se reúne con los líderes de Puerto Rico y cómo disfruta visitando restaurantes latinos, es un hecho que no darán un premio a ninguno de los dos por Mejor Actuación Pública.

Team Nelson

Imagen CC Bill Ingalls/NASA
Ahora bien: Nelson ha sido reelegido dos veces, en 2006 (con el 60% de los votos) y en 2012 (con el 55% de los votos). Es un senador muy popular y la mayoría de los sondeos lo muestran como ligero favorito (según RealClear Politics). Basándonos en esto, ¿por qué Nelson, — un demócrata moderado — no debería subestimar a Scott — un republicano genérico? Bueno, francamente, porque tiene mucho dinero. Dinero suficiente para hacer una gran campaña.

Team Scott

Imagen CC Gage Skidmore
Scott ya invirtió antes $75 millones de dólares de su propio bolsillo en 2010 para ganar la gobernación, y otros $13 millones en 2014 para su campaña de reelección. Puede que no haya ganado por mucho (1.2% en 2010 y 1% en 2014), pero ganó y eso es lo que importa.

Midiendo a Scott y a Nelson con la misma vara, todo parece indicar que los antecedentes y el nivel de aceptación del partido gobernante podrían influir más de lo esperado.

Las cadenas kármicas del presidente Trump

Muchos nos preguntamos qué impacto tendrá el voto latino en la carrera por el senado recordando que las medidas tomadas por el presidente Trump para auxiliar a Puerto Rico luego del huracán María no fueron bien recibidas.

Donald Trump llega al Cementerio de Arlington el día de su inauguración. Imagen CC Lorie Shaull

“No podemos ayudar a Puerto Rico para siempre” y “Puerto Rico tiene suficiente dinero” son algunas de las posturas de la administración de Trump que los medios estadounidenses difundieron durante el periodo de respuesta a la crisis que azotó la isla. Incluso la alcaldesa de San Juan (capital de Puerto Rico), criticó a Donald Trump públicamente en su cuenta de Twitter: “(Presidente Trump), sus comentarios sobre Puerto Rico son impropios de un Comandante en Jefe, parece que provienen de un «Hater» (Enemigo) en jefe”.

Si tomamos en consideración que cerca de 50,000 puertorriqueños emigraron a la Florida después del huracán María (de acuerdo con cálculos de la University of Florida), las cadenas kármicas del presidente podrían tener mucho que ver con la decisión de la comunidad hispana, que se caracteriza, culturalmente, por una fuerte unión y solidaridad entre pueblos.

Una encuesta publicada por la Florida Atlantic University en febrero sugiere un 41% de aprobación presidencial en la Florida y un 44% de desaprobación; además, 4 de cada 10 votantes dijo que Trump debería ser acusado por su mal desempeño (un 39% del total encuestado). Estos resultados pueden explicarse echando un vistazo al registro de inclinación partidaria del estado: 4,554,831 miembros del Partido Republicano versus 4,805,735 miembros del Partido Democrático (basándonos en datos del 31 de marzo de este año publicados por el Departamento de Estado de la Florida).

Los partidos minoritarios registran 74,443 miembros, mientras que 3,477,921 votantes se declaran libres de afiliación política y, por ende, la cereza cotizada del pastel.

Damas y caballeros, definitivamente estamos ante un enfrentamiento muy costoso. Los demócratas no quieren perder la oportunidad de reclamar el senado y Rick Scott dará la pelea hasta el final.

Quien vaya a estar cerca, debería cubrirse la cabeza.