Roger Waters, el famoso bajista de la banda Pink Floyd, publicó recientemente un tweet que generó controversia al instante de ser subido en la plataforma, ya que muestra ampliamente un apoyo férreo al gobierno de Nicolás Maduro en medio de la dramática situación que se vive en el país ante la posibilidad de una intervención norteamericana para hacer valer la presidencia de Juan Guaidó. 

En redes y medios de comunicación, muchas personas han calificado el apoyo de Waters como una falta de respeto y una traición descarada a la buena imagen de un ídolo popular. No obstante, también hay quienes defienden al músico, defienden su derecho a la libre expresión y a la libertad de pensamiento, independientemente de la filosofía Maduro o de la situación actual de Venezuela.

Waters publicó el pasado 3 de febrero en su cuenta de Twitter que el mundo debía “dejar al pueblo Venezolano solo”, ya que el país tenía “una democracia real”. Waters dijo, además, que las razones ocultas tras la posible intervención de Estados Unidos en Venezuela eran echar mano sobre el abastacimiento de petróleo. 

La relación artista-público presenta una dinámica compleja; en sociología, el área de estudio recibe el nombre de “relaciones parasociales”. Lo característico de estas relaciones es la unilateralidad, que plantea un esquema donde la figura pública construye una imagen alrededor de su trabajo y obra, y el público la consume creando una relación absoluta con este constructo ideado por el autor. 

Así, muchas personas pueden establecer una conexión íntima (unilateral) con un individuo sin llegar a conocerlo, sin tener idea de quién es realmente, cómo funciona en la cotidianidad y cómo es su día a día tangible.

El músico británico Roger Waters se presenta en el escenario durante un concierto en Bogotá (Colombia) el 9 de marzo de 2007. Waters es uno de los cofundadores y compositores principales de la banda de rock progresivo arquetípica Pink Floyd. Foto CC Rogelio A. Galaviz C.

 

“Luego de las declaraciones de Waters, muchos se preguntan qué pasó con ese tipo valiente y bravucón que criticaba años atrás las formas de gobierno dictatoriales y la opresión de los pueblos”

El caso de Roger Waters no escapa a la regla: es un hombre ordinario que logró darse a conocer al público siendo miembro de una de las bandas más exitosas en la historia de la música y en la contemporaneidad; a su vez, Waters fue compositor de uno de los álbumes más transgresores del género: “The Wall”, donde se ejerce una fuerte crítica a los gobiernos e instituciones que ejercen opresión sobre su propia gente, en particular, el neonazismo y el neoliberalismo de Thatcher.

Aunque la obra no habla nunca de ‘izquierdas’ o ‘derechas’ en un contexto político, sino que engloba a los gobiernos que ocasionan algún tipo de control o perjuicio sobre su población, es entendible que la comunidad global cuestione hoy los principios de Waters, aquel tipo ‘buena onda’ que se hizo famoso promoviendo una crítica abierta contra los gobiernos tiránicos. ¿Quién habría imaginado que, años después, Roger ‘votaría’ a favor de una dictadura y en contra de la posibilidad de intervenir en ella para facilitar su término? 

Puede que sea esto lo que más indigna al público internacional: la inconsistencia. La muerte súbita de un héroe de la libertad que, de pronto, reencarna en un amigo de la represión.