por R. Arosemena P.
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En su libro El Emprendedor de Éxito (2001), Rafael Alcaraz define el acto de ser emprendedor como “una forma de vida, basada en una lucha constante para transformar nuestros sueños en realidad”.

Si consultamos el diccionario de la Real Academia Española (RAE), encontraremos que emprendedor es un adjetivo utilizado para referirse a quien “emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”, mientras que, en el vasto mundo cibernético de los blogs enfocados a las ciencias económicas y el marketing, veremos que el concepto emprendedor se usa a menudo para referirse a aquel individuo que posee:

1) La capacidad para identificar oportunidades, y… 2) La capacidad para aprovecharlas, para atreverse a iniciar proyectos de riesgo.

En otras palabras, se distingue al emprendedor por una serie de cualidades que le apartan de lo multitudinario, entre ellas: la creatividad, la visión empresarial, la capacidad de resolver problemas de manera estratégica y el liderazgo, características que en conjunto llevan a la consecución de algo extraordinario: la innovación.

Imagen CC Kazuhiro Shiozawa

En palabras de Steve Jobs, cofundador y presidente ejecutivo de Apple Inc., “la innovación distingue a los líderes de los seguidores”. Pero, ¿qué es innovar?

Etimológicamente, innovación proviene del latín innovare, que quiere decir tanto “novedad” como “renovación”; es decir, tanto “creación” como “cambio” o “modificación”. En este apartado, vale citar un concepto muy relacionado: creatividad. La innovación, dicho de otra forma, exige creatividad. Durante mi paso por la facultad de Comunicación, me topé con un profesor de diseño visual que defendía la idea de que el término “creatividad” era universalmente mal empleado.

“No es que ustedes o yo vayamos a crear todo el tiempo algo nuevo, porque la verdad es que casi todo está inventado. El agua caliente ya se inventó; por lo general, lo que hay que hacer es hallar otro modo de calentarla”, decía, y aplicado al tema de la creatividad y la innovación que afronta todo emprendedor a lo largo de su viaje, se entiende que es necesario poseer la habilidad, no solo de crear algo desde cero, sino de renovar algo, reinventar un concepto a partir de una visión particular del mundo.

“Para ser emprendedor, hay que ser un inadaptado”

Precisamente: para ser un emprendedor (recalco, emprender: acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro, según la RAE), es necesario ser un tanto inadaptado. Sin embargo, no utilizo el término inadaptado bajo el prisma de lo sociopolítico, sino refiriéndome a aquellas personas que, aplicando dosis apropiadas de creatividad, derriban esas murallas construidas a punta de visiones limitadas, negativas y, en ocasiones, distorsionadas de la realidad.

Imagen CC Nápoles, Museo Arqueológico. Batalla de Alejandro Magno, mosaico procedente de la Casa del Fauno en Pompeya.

Los personajes más trascendentales de la historia universal han sido figuras controversiales, íconos de la polémica debido a su percepción del mundo (sin la cual sus obras y hazañas no hubiesen quedado plasmadas en los libros generación tras generación). Se dice, por ejemplo, que Alejandro Magno se enfrentó con 40 mil hombres al ejército de 250 mil que lideraba el rey persa Darío. Seguramente, alguien debió haberle dicho al emperador macedonio que aquello era un suicidio colectivo; y, sin embargo, Alejandro venció, y fue el inicio de la expansión de su imperio en Oriente.

Las 5 reglas de oro de todo inadaptado

La victoria de Alejandro no fue casualidad, así que repasemos 5 principios básicos que, puestos en práctica con disciplina, esfuerzo y mente positiva, te ayudarán a formar hábitos orientados al éxito, tanto en el plano personal como en el profesional.

1. Para empezar, no aceptes normativas que limiten tu creatividad o condicionen tu visión particular del mundo

En el momento en que lo individual es absorbido por la trivialidad de la masa, se pierde la oportunidad de desarrollar y fortalecer la cualidad de liderazgo. Si no hay líder, hay seguidor; y los seguidores solo siguen.

2. Sé fiel a ti mismo

Sé fiel a tus propios estándares de inconformismo, de rebeldía sana, de auto exigencia constante y fobia a la mediocridad y a la rutina. No se puede emprender estancándose en lo ordinario, sino conociéndolo y estudiándolo a fondo para modificarlo y dar lugar a lo extraordinario.

3. Nunca dejes de aprender

Según la corriente psicodinámica de Enrique Pichón-Rivière (psicólogo argentino), un sujeto que deja de aprender es un sujeto condenado a la enfermedad, en tanto no ejercita una necesidad natural de aprender de su realidad, de desarrollarse y alcanzar la plenitud. Dejar de aprender equivale a un suicidio evolutivo, no lo olvides.

Imagen CC Mentatdgt

4. Si al derecho no funciona, prueba al revés

Nadie dijo que sería fácil, y partiendo del hecho de que emprender cualquier proyecto implica arriesgarse, quien te diga que es fácil es susceptible de entrar en dos categorías: mentiroso o coach hippie. O ambas cosas, a la vez.

Así que, si fallas, no caigas en el error de azotarte desnudo bajo un claro desolado en luna llena; agradece la lección, reformula tu plan y vuelve a intentarlo sin olvidar nunca lo que YA NO debes hacer.

5. Piensa en grande

Desde luego, es útil y conveniente establecerse metas a corto plazo y saber que todo funciona como un proceso paso a paso, no obstante, tener metas a largo plazo, grandes propósitos o aspiraciones por las cuales dar lo mejor de ti día a día, te mantendrá siempre enfocado y con ganas de comerte el mundo.

 

Y este último punto es sumamente importante, incluso podría decirse que es la línea divisoria entre un emprendedor y un empresario común. Un empresario común, por ejemplo, puede formar parte de un conglomerado en el que es solo uno más de los tantos directivos o accionistas, pero un emprendedor a menudo tiene hambre de grandes cosas. Mucha hambre, de muchas cosas, todo el tiempo.

Un emprendedor, simplificando, siempre tiene hambre.