Cada año, el congreso cierra sus puertas durante el mes de agosto para recibir las vacaciones de verano boreal, que en el Hemisferio Norte se extienden entre junio y septiembre. Este año, sin embargo, los congresistas podrían verse obligados a quedarse en el trabajo y “hacer lo que saben”, según palabras textuales del presidente Trump.

“El Senado debe tener listo un acuerdo presupuestario antes del receso de Agosto, o NO SE IRÁN A CASA. El muro y la Seguridad Fronteriza deben estar incluidas”, escribió Trump en su cuenta de Twitter.

El presidente ha dejado muy claro que no tiene intenciones de volver a firmar un proyecto presupuestario que no llene por completo sus expectativas, y mucho menos que no incluya fondos suficientes para la construcción del muro en la frontera con México.

Trump también hizo referencia en su cuenta de Twitter a la lentitud con la que el congreso está ratificando a casi 300 funcionarios nombrados por él para integrarse a su administración, y acusó a los demócratas de estar obstruyendo el proceso “de la peor forma (vista) en la historia”.

Trump firmó en marzo un presupuesto de $1.3 trillones de dólares que mantendrá funcionando al gobierno federal hasta finales de septiembre, pero expresó ampliamente su “descontento” en diversos aspectos del acuerdo de gastos y, en especial, en torno a la ausencia de fondos para su proyecto más anhelado: la construcción del muro en la frontera con México —a pesar de los $1.6 billones de dólares destinados por la legislación a seguridad fronteriza—.

“No volveré a firmar nunca un presupuesto como este. No voy a hacerlo de nuevo. Nadie lo leyó. Lo hicieron hace apenas un par de horas”, dijo el presidente Trump el pasado 23 de marzo, que también amenazó recientemente con paralizar el gobierno federal si el congreso no presenta un proyecto presupuestario a la altura de sus demandas.

Para los demócratas, e incluso para los republicanos más conservadores, el presidente Trump está poniendo su plan de construir el muro fronterizo por encima de su promesa de control de gastos para reducir el déficit presupuestario, que se expande como una sombra oscura sobre el futuro de la deuda pública.

El gobierno de turno presentó el pasado 8 de mayo una solicitud de recorte de gastos por $15 billones de dólares que incluye restar fondos a un programa de salud infantil (CHIP, por sus siglas en inglés) que los demócratas han apoyado abiertamente y que beneficia a miles de niños durante periodos de brote de gripe y otras enfermedades.

Las intenciones del presidente Trump — que asegura que la capacidad legal para utilizar los fondos destinados a CHIP caducó en septiembre y que el dinero no puede ser usado aunque permanezca en el balance — es calmar las aguas entre los miembros más conservadores del Partido Republicano, que han criticado enfáticamente los aumentos en el déficit fiscal estableciendo una comparación incómoda con la administración del ex-presidente Obama, a quien, desde luego, Trump no quiere parecerse.

Para los demócratas, los intentos del gobierno por encarnar una imagen de conservatismo fiscal exhiben un aire de “hipocresía” tomando en cuenta que, hasta ahora, las propuestas del presidente Trump duplican el déficit presupuestario en lugar de reducirlo, y que ningún juramento de control de gastos parece ser más importante que las políticas antimigratorias. Para el líder demócrata Chuck Schumer, es lamentable que el presidente y los republicanos “ahora vayan (a sabotear) los dólares de los que depende la salud de millones de niños”.

La deuda nacional, que corresponde a una acumulación de déficits anuales anteriores, excede los $21 trillones de dólares y se espera que alcance los $29 trillones en 2020.