¿SIRVIÓ DE ALGO LA CUMBRE ENTRE KIM JONG UN Y DONALD TRUMP?

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Los medios internacionales y el gobierno del presidente Trump sin duda han sacado provecho a la primera reunión en la historia entre un dirigente norcoreano y un presidente de los Estados Unidos.

La cobertura del evento tuvo, en la esfera política republicana, la misma trascendencia que la visita del Papa a tierras católicas; sin embargo, un mes después del encuentro en Singapur, no parece haber mucha afinidad entre el gobierno de Kim y la administración de Trump.

Al igual que los romances efímeros que contraen matrimonio furtivo en Las Vegas, la complicidad entre Corea del Norte y América luce mejor en las fotografías de Sentosa que en las últimas declaraciones de un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores norcoreano, que calificó las demandas de Washington como “parecidas a las de un gánster”.

El secretario de estado norteamericano, Mike Pompeo, había dicho un par de horas antes que las negociaciones con Corea del Norte para desmantelar su programa nuclear habían evolucionado favorablemente, lo que sugiere dos puntos de vista completamente distintos.

El vocero del gobierno de Kim dijo a la prensa norcoreana que las conversaciones con Pompeo en Pyongyang el pasado 7 de julio habían sido “de alto nivel”, tanto que el diálogo había alcanzado “una situación peligrosa” en la que Corea del Norte podía llegar a sentir que los Estados Unidos prefería “sacudir su voluntad inquebrantable de desnuclearización” en lugar de consolidar la confianza entre ambos países.

Para nadie debería ser una sorpresa la postura inflexible de Corea del Norte ante las presiones de Washington. Los expertos en política internacional ya vaticinaban que Kim Jong Un buscaría sacar ventaja al sentir a Trump “en la palma de la mano”; después de todo, ¿qué más podría pedir el líder norcoreano luego de una prestigiosa cumbre con el presidente de los Estados Unidos y la oportunidad de que el mundo entero pudiera comprobar que no es un hombre cohete lunático?

La cumbre en Singapur dio a Corea del Norte lo mismo que el mundial de fútbol a Rusia: la posibilidad de mostrar una cara distinta a occidente, para sorpresa de todos, pero asumir que el gobierno de Kim revocará un programa nuclear que considera políticamente indispensable para mantener el control del estado es excesivamente optimista.

Quizás, el viaje de Trump a la Isla del Placer y su foto junto a Kim posando con una gorra de “Make America Great Again” no fue más que una corta travesía a la tierra del bak kut teh.