Javier y su hija Bianca (8 años). Foto cortesía de J. Gonzalez

La justicia y la ley no siempre van de la mano. Francisco Javier Gonzalez, administrador del restaurante Pizza Al Fresco en West Palm Beach, enfrenta el riesgo de ser deportado por una visa inválida al momento de ingresar a los Estados Unidos.

Javier no es un pandillero ni un criminal, ni siquiera registra antecedentes en territorio estadounidense o en otro país del mundo. Es un hombre trabajador, oriundo de México, padre de tres niñas nacidas en los Estados Unidos y esposo de una mujer estadounidense cuyo crimen fue no haber contado con la asesoría necesaria al momento de firmar un documento que le prohibía ingresar al país durante 5 años.

Javier asegura no haber entendido la complejidad de la sanción que las autoridades migratorias le hicieron firmar en el Aeropuerto de Houston cuando intentó volver a casa en los Estados Unidos luego de visitar a su familia en México. Gonzalez era, en aquel entonces, un adolescente recién graduado de la escuela secundaria que no recibió ningún tipo de asistencia legal y que nunca supo la trascendencia del documento sino hasta muchos años después.

Para Javier, todo comenzó hace más de una década, cuando descubrió que su estatus migratorio no era legal

“Básicamente, de la manera que yo obtuve mi visa fue porque mi papá mi ayudó cuando yo era casi un niño. Nos arregló visa a mi hermana y a mí, y la primera vez no tuve ningún problema, y después que salí y traté de regresar con la misma visa que había estado anteriormente, me regresaron, y ahí mismo me hicieron el proceso pero sin avisarme qué era lo que me estaban haciendo. Yo no obtuve ayuda ni nadie estuvo para explicarme qué era lo que estaba firmando. Ahora, parece que por fin están aceptando esto”. 

P: Es decir que nunca recibiste asesoría legal

“Exacto. Ellos debieron dejarme entrar y hacerme el proceso o dejarme ir sin ningún cargo, y lo que hicieron fue regresarme poniéndome todos los cargos sin explicármelos. Obviamente, luego yo entro, sin permiso, y 7 u 8 años después me doy cuenta de todo lo que tenía”. 

P: Y en estos 7 u 8 años, ya habías hecho tu vida en los Estados Unidos. Te habías comprometido…

“Sí. Como yo me casé, justo antes de casarme fui con mi primer abogado y él dijo: ‘Bueno, tienes el problema de que entraste de ilegal, y no vas a poder arreglar tu estatus. Pero igual cásate y después vamos a ver cómo hacemos’. Entonces me casé en el 2006, y justo cuando me casé, fui a iniciar todo el proceso. Él me hizo una ley 30, que es la aprobación del matrimonio, y me la aprobaron pero, al mismo tiempo, mi abogado hizo un historial de mi record y ahí fue cuando nos enteramos de la (posible) deportación”. 

La cita para revisar el caso de Javier en la Oficina de Operaciones de Ejecución y Remoción (ERO) en Miramar fue aplazada HASTA enero. A pesar de las dificultades, Javier se mantiene positivo y tiene plena fe en que las cosas van a salir bien.

Para Javier y su familia, ha sido un largo camino de obstáculos que solo han podido superar gracias a la calidez y resiliencia de un hogar sólido, ejemplo para sus amigos, familiares y toda la comunidad. 

En Pizza Al Fresco, los clientes y conocidos de Javier han mostrado un apoyo sin precedentes hacia un hombre que consideran ciudadano modelo. Para Javier, ha sido este respaldo de la gente lo que ha impedido, en gran medida, su deportación:

“Lo más difícil fue cuando me tenían con un grillete, porque me iban a deportar el 3 de junio. Entonces teníamos todo, el vuelo y todo, y 3 días antes hubo un movimiento que hizo que no me deportaran. Eso fue lo más difícil a través de estos 12 años. (El apoyo comunitario) ha sido increíble, creo que eso me ha salvado, que tengo tanta gente que ha luchado por mí, que ha llamado a Migración, y esa ha sido la diferencia, creo yo. 

Ha sido muy complicado para mi esposa y mis niñas, tal vez más que para mí. A mi hija más grande es a la que más le ha afectado, y lo difícil es que ella piensa que ya se terminó, pero todavía sigue. (Mi esposa y yo) no les decíamos mucho a ellas para que no se preocuparan, pero ya cuando me pusieron el grillete, fue lo más complicado” 

¿Cómo le explicaste a tus hijas lo del grillete?

“Bueno, yo siempre he estado muy positivo. Dentro de mí siento que al final voy a ganar, y trataba de decirles a ellas que era parte del proceso, pero que, primero Dios, no me iban a (deportar) y que al final del día íbamos a buscar la solución. Y así fue”. 

Javier Gonzalez y su hija menor, Kerina (6 años). Foto cortesía de J. Gonzalez

Aunque hay momentos en los que Javier confiesa sentir que las fuerzas se agotan, recordar que está luchando por mantener unida a su familia y ver a sus pequeñas hijas crecer en el país que considera su hogar lo motiva a no rendirse:

“Hay ratos en los que me pongo triste, pero también te hace más fuerte, porque yo sé que estoy luchando por una buena causa. Nadie más que yo sabe los detalles de lo que pasé en el aeropuerto y cómo fueron las cosa, y eso me hace sentir que sí hay justicia y que al final del día voy a ganar”. 

Para Javier y sus abogados, una petición en línea firmada por más de 134 mil personas ha sido quizás “lo más importante” y lo que ha ayudado a que las cosas se encaminen por buen rumbo. Entre miles de personas, la firma del ex candidato a gobernador Andrew Gillum ha sido una voz de aliento más que significativa e inspiradora para Javier:

“Francisco Javier Gonzalez y yo tenemos mucho en común”, escribió Gillum junto a su firma de respaldo: “Ambos tenemos carreras, pagamos impuestos, somos padres de tres hijos amados, y llamamos a este estado ‘nuestro hogar’. Firmé para detener esta deportación injusta porque una Florida con una comunidad de inmigrantes diversa hace que nuestro estado sea mejor”.

Puede firmar la petición a favor de Javier Gonzalez en Change.org