por R. Arosemena P.
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La semana pasada, el juez federal del distrito de San Diego, Dana Sabraw, ordenó al gobierno de Trump proveer una lista de los niños menores de 5 años que han sido separados de sus padres en la frontera (aproximadamente, 100). Antes de eso, el mes pasado, Sabraw ordenó a la administración actual la reunificación de las familias separadas lo más pronto posible, con fecha tope hasta el 26 de julio.

No es la primera vez que un juez federal planta cara a las decisiones del presidente. En realidad, puede que Trump sea uno de los gobernantes con mayor oposición general en la historia. La pregunta es: ¿realmente le importa?

Las encuestas de Gallup reportan que el nivel de aprobación de Donald Trump durante los últimos seis meses ha oscilado entre el 39% y el 40%, y los índices de desaprobación, entre el 58% y el 55%.

Entre julio 3 y julio 5, Ipsos reportó un nivel de aprobación del 42% versus un 54% de aprobación, y YouGov, un 40% de aprobación frente a un 53% de desaprobación entre el 5 y el 6 de julio.

De acuerdo con datos publicados por FiveThirtyEight, la popularidad del presidente Trump durante su primer año de gobierno ha sido la más baja para un gobernante estadounidense en los últimos 48 años. En el pasado, ex presidentes como Jimmy Carter y George H.W. Bush han tenido problemas de popularidad significativos, pero no durante su primer año de mandato. Jimmy Carter, por ejemplo, cerró su último año de mandato en el 81 con una aprobación neta de -21.3%, pero incluso George Bush padre, Bill Clinton y Harry Truman consiguieron salir del gobierno con niveles de aprobación relativamente buenos.

En comparación con el primer año de gobierno del ex presidente George W. Bush, la aprobación neta de Trump se estima en -10.8% versus +43.9%, e inclusive el ex presidente Obama se mantuvo muy por encima del -5%. Tomando en cuenta que esto sugiere un grado de insatisfacción general considerable, a Trump debería importarle mucho más lo que opina la gente de lo que parece. Debería estar realmente interesado por la opinión de los demás, por la percepción que el país está teniendo de sus decisiones.

Sin embargo, los números, los medios y la opinión pública indican que Trump ha conseguido ser rechazado más pronto que muchos otros gobernantes; de hecho, su mérito está en haber logrado ser más rechazado en un margen de tiempo menor, lo que debería ser suficiente para escandalizar a cualquier líder elegido democráticamente.

Aun así, a Trump no parece importarle en absoluto la opinión de los demás, en especial si están en su contra. Muchos psicólogos y psiquiatras se han volcado a la tarea de develar los detalles ocultos detrás de la salud mental del presidente Donald Trump. En febrero del año pasado, por ejemplo, los psicólogos Rosemary K. M. Sword y Philip Zimbardo publicaron el artículo “El elefante en la habitación”, donde Trump es descrito como una persona claramente narcisista, con “comportamientos ofensivos que incluyen, pero no se limitan, a la condescendencia, exageración burda (mentira), intimidación, celos, autoestima frágil, falta de compasión, y visión extremista del mundo como Nosotros-contra-Ellos”. 

Poco después, en octubre de 2017, Bandy X. Lee y Robert Hay Lifton, en colaboración con 27 psiquiatras y expertos en salud mental, publicaron el libro “El peligroso caso de Donald Trump”, donde, por primera vez en la historia, más de una docena de especialistas ofrecen su punto de vista en relación con el estado de salud mental de un presidente. El diagnóstico no es muy alentador…

“Colectivamente con nuestros coautores, advertimos que cualquier persona tan inestable mentalmente como el Sr. Trump simplemente no debería recibir un voto de confianza con los poderes de vida y muerte que confiere una presidencia”.

El concepto “normalidad maligna” es repetido en múltiples ocasiones a lo largo del libro, lo que describe de forma breve y concisa lo que deben estar pensando las más de 2,000 familias inmigrantes separadas en la frontera por órdenes de Donald Trump.

América Primero quizás no sea una propuesta tan grandiosa como debieron haberlo creído muchos votantes durante la campaña presidencial. Quizás fue inocente de nuestra parte no pensar en el pueblo primero.