por R. Arosemena P.
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El presidente Trump no ha conseguido llegar a entender la importancia de manejar sus estados de ánimo lo más lejos posible del acceso a redes sociales e Internet, de otro modo, alguien podría haberlo contenido justo a tiempo para evitar la ridiculización internacional — una y otra vez — de todo un gobierno, y peor aún, de toda una nación.

Hace apenas un par de semanas, el presidente se pavoneaba de tener poder absoluto y derecho supremo para bloquear de su cuenta de Twitter a todo el que osara criticar su gobierno; es un hecho trivial cuando un ciudadano común decide excluir de sus redes sociales a usuarios indeseados, pero tal vez alguien debería hacer el esfuerzo por explicar al presidente Trump que estamos fuera del patio de juego ahora, que hay que comportarse como un adulto, e incluso más que un adulto: como un hombre.

En tan solo un par de meses, Trump ha creado una brecha con Europa que puede tener consecuencias más importantes de lo que es capaz de resumir en 280 caracteres. Si sus cualidades diplomáticas fueran tan certeras como su ingenio para poner apodos a Kim, las políticas de cooperación internacional marcharían mucho mejor y quizás no tendría que poner tanto esmero en bloquear usuarios de Twitter.

Por desgracia, el desempeño de Donald Trump en la Casa Blanca ha venido cumpliendo desde el primer día una sola función: dar de qué hablar a los medios internacionales, ser el foco de memes y parodias en la red, y crear una división lamentable en el pueblo estadounidense, promoviendo una ideología xenofóbica que incluso las Naciones Unidas — dentro de todo lo cuestionable — ha tenido que denunciar.

La exclusiva de Reuters que afirma que el gobierno de Trump ha separado a más de 1,000 familias en la frontera con México es uno de los últimos escándalos protagonizados por el reclutador de aprendices y su obsesiva política de defensa antimigratoria. El hecho de que el congreso haga malabares para negar al presidente el presupuesto que requiere la construcción del muro fronterizo da color a una puesta en escena que podría ser un éxito teatral de no ser porque está ocurriendo en la vida real y el humor negro no es suficiente para consolarse.

Donald Trump ha tomado el mando del país y un estado de histeria nos sacude. ¿Cómo controlar las rabietas de un niño grande?