Los Estados Unidos puede considerarse una nación donde la libertad es tan importante como la vida.

Históricamente, el pueblo estadounidense ha luchado siempre en contra del yugo de la opresión y la violación de los derechos civiles. El abolicionismo, como se conoce a la postura filosófica y política que aboga por la anulación de leyes que atentan contra los principios éticos y morales (como solía serlo la esclavitud), ha jugado un rol fundamental a lo largo de siglos de evolución y formación de una identidad patriota.

Desde la Proclamación de Emancipación firmada por el presidente Abraham Lincoln en 1863 y adoptada en 1865 tras la Guerra Civil, blancos y negros son reconocidos ante la ley como iguales, lo que ha hecho posible contar con la participación activa de hombres y mujeres negras en campos distintos que suponen grandes aportes para el desarrollo social.

Por desgracia, la ignorancia y el fanatismo pueden convertirse, en ocasiones, en una herencia indeseada que se transmite con los años, lo que termina siendo una larga enfermedad, un germen que destruye individuos, familias y sociedades enteras.

Recientemente, el candidato demócrata a gobernador de la Florida y alcalde de Tallahassee, Andrew Gillum, fue el foco de ataques por parte de un grupo blanco nacionalista que hizo llamadas telefónicas pregrabadas a los votantes (robocalls) con la intención de ridiculizar a Gillum por su color de piel.

De acuerdo con el diario Tallahassee Democrat, primero en reportar las llamadas pregrabadas en contra de Gillum, los audios incluyen sonidos de jungla y la voz de un hombre que pretende ser el alcalde, con un acento exagerado y hablando de chozas de barro.

El propósito es, a simple vista, transmitir una imagen burlesca e incómoda de Gillum, afectar el rendimiento de su campaña y obtener “publicidad gratuita” a expensas de lo grotesco y denigrante.

Gillum, que venció sorpresivamente en las primarias del partido Demócrata la semana pasada, podría convertirse en el primer gobernador negro de la Florida en caso de vencer a Ron DeSantis en noviembre, lo que explicaría que grupos organizados hayan emprendido acciones en su contra.

Gillum no está solo en el camino. El ex presidente Barack Obama recibió ataques y mensajes racistas durante su campaña presidencial en 2008, una “marca” que sufrió, también, la ex primera dama Michelle Obama.

El presidente Barack Obama y la primera dama Michelle Obama se reúnen con el Papa Benedicto XVI en el Vaticano el 10 de julio de 2009. Foto cortesía de Wiki Commons. 

Hace un año, en un conversatorio en Denver, Colorado, M. Obama compartió su experiencia al haberse convertido en la primera mujer negra en la historia nacional en ser primera dama; el relato incluyó un incidente en West Virginia donde una empleada del contado llamó a Michelle “simio sobre ruedas”, así como las dificultades que debió enfrentar para hacer valer su rol y su palabra en un círculo social que llegó a restarle importancia a su opinión únicamente por su color de piel.

Cómo responder, cómo actuar o cómo afrontar los golpes bajos de espíritus corrompidos por el odio y el fanatismo, es una maestría que solo el tiempo, la templanza y la sabiduría pueden obsequiar a los hombres.

Ya decía Ernesto Sábato que para admirar se necesita grandeza, aunque suene paradójico, y que además del talento o el genio, se requerían de otro tipo de atributos espirituales para hacer frente a la crueldad en la vida: tenacidad para seguir adelante, coraje para defender nuestra verdad, y una mezcla de modestia ante los gigantes y de arrogancia ante los imbéciles.

Cuando un periodista entrevistó al ex presidente Obama en relación con los ataques racistas que buscaban transgredir su integridad, él respondió: “Si invierto todo mi tiempo pensando en eso, me quedaría paralizado. Y francamente, los votantes podrían decir, con justificación, que necesitan a alguien enfocado en darles un empleo, y no en si sus sentimientos han sido heridos”.

Puede que haya un poco de Obama en Gillum, y un poco de Gillum en Obama, al igual que hay un poco de Sábato en todos, un poco de blanco, negro y sangre latina. Y aunque sea imposible para algunos admirar esa belleza, es reconfortante mirar atrás y saber que no se está solo, que grandes hombres y mujeres fueron rechazados injustamente antes, y que la grandeza está en no bajar la mirada y caminar.