NO TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR

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Conozco a unos cuantos declinistas que aún no saben que lo son. Quizás, luego de leer esto, su vida sea menos amarga.

Creo que la definición más breve y fácil de entender sobre lo que implica ser un declinista puede resumirse en el nombre de un libro, una película o un videojuego descontinuado. El declinismo se ha convertido en una pandemia danzante, y peor aún, una ideología, una costumbre, una explicación.

El declinismo defiende la creencia — especialmente, en una cultura o pueblo particular — que pronostica el declive irremediable de una sociedad o institución. La frase “todo tiempo pasado fue mejor” describe a la perfección la ideología de un declinista, que sin duda preferiría haber nacido en otra época, en otro lugar, en otras circunstancias.

Hoy en día, la mayoría de la gente que conozco está segura de que las cosas marchan mal y se pondrán cada vez peor. Los jóvenes tienen sexo desenfrenado, se emborrachan y consumen drogas, no hay respeto por los mayores, a nadie le importa la naturaleza y los gobiernos del mundo son cada vez más corruptos. Hay gente lucrándose con la religión, maltrato físico y violaciones en el seno familiar, infidelidad, aborto irresponsable y una infinidad de tragedias más.

“El mundo se está acabando” es una de las frases que probablemente escuchamos decir alguna vez a nuestros abuelos, escandalizados por la realidad del mundo; lo curioso es que cada vez más personas piensan lo mismo. Adolescentes, jóvenes y adultos mayores han adoptado una ideología francamente declinista, y más aún, pesimista y depresiva.

La pregunta es: ¿tiene el declinismo la razón? ¿Es cierto que todo va mal, que el mundo nunca estuvo tan perdido como ahora?

Creo que las personas que van por ahí queriendo contagiar al resto con sus pesares y vaticinios declinistas deberían hacer primero algo de memoria y pensar en la esclavitud, el derecho al voto, la inequidad de género, la homosexualidad vista como sodomía, el derecho a la salud y la libertad de expresión. Creer que una sociedad que ha avanzado significativamente en principios básicos para una vida digna está condenada a la decadencia, es ignorar décadas de historia, esfuerzos colectivos y sacrificios.

Nunca antes fue tan sencillo acceder al conocimiento y la información; nunca tuvimos generaciones tan educadas y emprendedoras como ahora. Las madres solteras han dejado de ser vistas en la mayoría de los casos como miembros inmorales de la sociedad; las parejas del mismo sexo han dejado de ser estigmatizadas y agredidas, y en muchos países del mundo, ha sido reconocido su derecho a contraer matrimonio y formar una familia.

La tecnología avanza a pasos agigantados para facilitar la vida a las personas con discapacidades y movilidad reducida, y la ciencia ha logrado controlar al límite el brote de enfermedades que, hace 50 años, eran mortales.

Desde luego, nada será nunca como en los 60’s, cuando la música y la moda eran distintas, el sexo tenía más misterio y los crímenes en un pequeño pueblo eran cosa rara. Pero si no estamos en el peor de los casos, y tampoco creemos estar en el mejor, existe un margen de acción que podemos tomar, una parte del mapa sin dibujar, y el declinismo solo nos estorba.

Finalmente, el pasado, el presente y el futuro tarde o temprano terminan convergiendo en una sola cosa: experiencia, hechos que nos ayudarán a tomar decisiones correctas en algún momento… y es mejor tomar las riendas del ayer que ser víctima del mañana.