por R. Arosemena P.
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Aunque la palabra vocación ha sido tradicionalmente usada en el plano religioso para referirse al “llamado de Dios” y a la respuesta de compromiso asumida por los clérigos y monjas, el término abarca un significado mucho más profundo.

Cuando los psicólogos y orientadores hablan de vocación se refieren a algo muy similar al despertar espiritual que experimentan los religiosos: seguir nuestra vocación, dicen, es seguir un llamado de nuestro interior para atender a los dones, cualidades y fortalezas que poseemos para contribuir a un mundo mejor a través del servicio a la comunidad, la creatividad o el liderazgo.

De hecho, vocación proviene del latín vocare, que significa “llamado” o “acción de llamar”, mientras que profesión deriva del latín professio, que significa “profesar o ejercer”.

Alex Iby

A pesar de las diferencias tan marcadas entre un término y otro, existe una confusión global acerca de lo que significa elegir una profesión y una vocación. Puede que esto lleve a muchas personas a descartar erróneamente vocaciones que podrían convertirse a largo plazo en profesiones exitosas, fuentes de enorme riqueza.

Confucio decía: “Haz lo que amas y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Suena optimista, y esto hace que mucha gente se comporte de forma incrédula, en especial cuando la cultura y la sociedad nos enseñan que muchas vocaciones comunes no llegan a convertirse en profesiones. La frase “por amor al arte” se refiere justamente a esto: a la teoría de que los artistas, en su gran mayoría, mueren solos, enfermos y pobres.

El problema con esta ideología derrotista es que se ha convertido en la bandera del futuro, en el “monstruo bajo la cama” que no deja dormir a los niños y que los persigue cuando son adultos. En un sistema ideal, todos imaginamos el mundo con médicos apasionados por la tarea de salvar vidas, policías comprometidos con hacer cumplir las leyes y  maestros que amen tanto enseñar a nuestros hijos como a los suyos; curiosamente, la contribución que hemos estado haciendo a la ecuación va en contra de este sistema vocacional de ensueño. El resultado es un grupo de personas que elige una ocupación con base en el reconocimiento, la aprobación de los demás y el dinero que esperan ganar.

Hace dos años, se hizo famosa una entrevista realizada al psicólogo Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples. Al preguntarle si es posible que una “mala persona” llegue a convertirse en un buen profesional, Gardner respondió: “En realidad, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes”.

Aunque es demasiado limitativo e inexacto clasificar a las personas en cubículos como “bueno”, “malo” o “excelente”, el punto aquí es que el tipo de persona en que decidimos convertirnos definirá por completo nuestro éxito en el futuro, y esto incluye si elegimos tener una vida plena guiada por una intensa pasión, o una vida superficial conducida por recompensas materiales que, tarde o temprano, dejarán de tener valor.

Es posible elegir nuestra vocación por encima de una carrera cualquiera y dedicarnos a hacer lo que amamos desarrollándolo profesionalmente. La pasión de Robert Kiyosaki por la propiedad raíz se convirtió en una serie de libros, un juego de mesa, conferencias alrededor del mundo y una inmensa fortuna. Esto hace parte de aceptar y sacar provecho a nuestras cualidades.

En el libro Your Creative Career: Turn Your Passion into a Fulfilling and Financially Rewarding Lifestyle, Anna Sabino narra su experiencia convirtiendo su vocación por el arte en una ocupación remunerada. “La libertad es la nueva medida de la riqueza”, escribe Sabino. Con esto, resume todo lo que los guías espirituales y gurús han intentado comunicar durante generaciones: Elige la libertad, elige la alegría… y cuando hayas alcanzado tal grado de plenitud para disfrutar y valorar cada aspecto de la vida, comenzarás a ver oportunidades para hacer una gran riqueza en todas partes.