Conocida como una práctica muy común en más de 28 países, muchos de ellos africanos, la ablación o mutilación del clítoris pone en riesgo de salud de más de 3 millones de niñas cada año, principalmente menores de 15 años, según datos de la Organización Mundial de la Salud. 

La ablación es una práctica cultural que deriva de mitos y creencias generacionales muy arraigadas en comunidades de todo el mundo, incluso a pesar de la amplia difusión que se ha procurado hacer respecto a los peligros de esta práctica.

Para quienes no están familiarizados con el término ablación, nos referimos a la extirpación de un órgano o tejido del cuerpo que, en el caso de la ablación genital femenina, supone la extirpación del clítoris.

Este tipo de mutilación puede ser parcial o total, y se basa en creencias como:

  • “Si la niña no es circuncidada antes del matrimonio, el marido morirá”. 
  • “La ablación elimina la necesidad sexual y la promiscuidad de las mujeres”. 
  • “Las mujeres que no son mutiladas tendrán dificultades durante el parto”. 
  • “Las mujeres que ayudan en el parto pueden quedar ciegas si la mujer embarazada no se ha practicado la ablación”.

En varias partes de África, se le exigen a la mujer ser mutilada. También existe el mito de que, si no se realiza la ablación, el clítoris crecerá de forma desproporcionada. 

La necesidad de practicar la ablación se remite a falsas creencias que “garantizan la pureza de la mujer antes del matrimonio”, además, se suele creer que, al nacer un bebé, su cabeza puede tocar el clítoris durante el parto, produciendo deformaciones y complicaciones después de nacer que solo pueden ser evitadas con la ablación.

La ciencia contra el mito

Como señalan algunos investigadores, el origen de esta práctica está relacionado con el control de los deseos sexuales de las mujeres durante el matrimonio: los hombres buscan asegurar su paternidad y disminuir la posibilidad de relaciones extramaritales. 

Hay una enorme cantidad de mitos y creencias que se usan para justificar la ablación, pero, tarde o temprano, todo se reduce a la falta de oportunidades educativas, libertades y respeto a los derechos del género femenino. Los padres piensan que con la ablación están protegiendo a sus hijas de violaciones y abusos sexuales en el futuro, cuando en realidad están violentando su cuerpo de forma permanente. 

Portrait of an Ugandan woman / Cortesía de Rawpixel

La realidad es que esta tradición tiene devastadoras consecuencias para la salud física y mental de las mujeres, complicaciones que llegan a convertirse en obstáculos importantes para su desarrollo como individuos.

Los efectos de la mutilación incluyen:

  • Infecciones
  • Complicaciones durante el parto
  • Dolores crónicos en la zona genital
  • Muerte

En algunas comunidades, tocar el tema de la ablación es peligroso e inclusive ilegal. Es un tabú. 

Uno de los tantos países donde se vive esta realidad es Etiopía. A pesar de la insistente divulgación y formación en las escuelas, tanto mujeres como hombres apoyan esta práctica de forma abierta o secreta.

La erradicación de la mutilación femenina es un objetivo importante en muchas sociedades de la región africana y Oriente Medio. Por ello, los gobiernos han implementado políticas y leyes en los últimos años para erradicar la ablación, a pesar de la fuerte resistencia en muchas partes de África. Esta resistencia ocurre principalmente en núcleos comunitarios regidos por el patriarcado donde los hombres buscan hacerse con el respeto o fidelidad permanente de sus esposas. 

La única solución a largo plazo parece ser la promoción de la salud y los programas de educación y empoderamiento orientados a la mujer, círculos de andamiaje pensados para instruir al género sobre cómo ejercer plenamente sus derechos sexuales, valorar y atesorar su cuerpo.

Para más información y recursos educativos, visite WHO.INT