Las siglas TDAH (equivalentes a ADHD, en inglés) hacen referencia al trastorno por déficit de atención e hiperactividad, una condición neurobiológica que se manifiesta en la niñez y que implica dificultades para concentrarse y canalizar la atención en una sola tarea.

Los casos de niños con TDAH han ido en aumento en los últimos 20 años, pasando del 6% al 10% de prevalencia. No obstante, existe aún discordancia entre los académicos y profesionales de la salud en torno a la veracidad o asertividad de los diagnósticos efectuados a diario en pequeños que aparentan mostrar síntomas de TDAH.

Para algunos investigadores, como Wei Bao de la Universidad de Iowa, el incremento en la concientización, divulgación y programas educativos ha contribuido al incremento en el número de diagnósticos, así como estudios en los últimos años que han permitido establecer factores de riesgo clave para el desarrollo de TDAH (nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, consumo de drogas durante el embarazo…).

Desde luego, no todos están de acuerdo con esta teoría; algunos consideran que el personal de salud podría estar elaborando diagnósticos injustificados, lo que explicaría el aumento porcentual en la prevalencia de TDAH en el país.

Para Stephen Hindshaw, profesor de psicología de la Universidad de California (Berkeley), la aplicación de diagnósticos de calidad subestándar, ante las crecientes presiones para el rendimiento, pueden hacer que el número de diagnósticos superen la verdadera prevalencia de la enfermedad: “Sabemos, por ejemplo, que la mayoría de los niños son diagnosticados por pediatras generales en lugar de por especialistas, y que la duración promedio de la evaluación es deprimente, breve y superficial”.