por R. Arosemena P.
rita@elfaroweb.com

 

 

 

Los amantes de la comida seguro coincidirán con la frase del dramaturgo George Bernard Shaw: “No hay amor tan sincero como el amor de la comida”. Y más: puede que no haya forma tan mágica de adentrarse en otras culturas como la degustación de un plato desconocido, que se traduce en un viaje épico a tradiciones y costumbres de sitios nunca visitados.

La comida es sin duda uno de los atributos más placenteros de la experiencia humana, y un factor determinante en nuestra calidad de vida. La oferta alimentaria ha evolucionado mucho a lo largo de la historia: en unos cuantos siglos, hemos pasado de cazar mamuts prehistóricos a pedir una “dino-hamburguesa” lista para comer en el restaurante de la esquina.

La industria de la comida en los Estados Unidos es un buen ejemplo de cómo la gastronomía refleja los cambios sociopolíticos y demográficos de una región. Cualquiera de nosotros puede ir hoy a un supermercado y encontrar tortillas empacadas, tamales congelados, guacamole o salsa de chile jalapeño.

Imagen CC Mike Mozart

Entre la vasta oferta culinaria que los latinos han introducido con los años, la cocina mexicana ha influenciado tanto la gastronomía en los Estados Unidos que sólo podemos comparar la trascendencia de los burritos con la pizza napolitana.

La influencia mexicana en nuestra dieta se remonta a principios del siglo XX, cuando la migración trajo consigo emprendimientos importantes como el de Concepción “Concha” Sánchez. Concha abrió una tortillería en el Condado de Ventura (California) para sostener a su familia durante la gran depresión, luego de que su primer negocio — una abarrotería — se fuera a la quiebra.

El mérito de Sánchez no fue solo perseverar ante los contratiempos que azotaban la economía nacional, sino también el ingenio que puso en práctica. En lugar de preparar la masa (mezcla de preparación) a mano, como lo habían hecho las mujeres mexicanas durante siglos, Concha utilizó un molino eléctrico comprado por su hijo para elaborar tortillas y tamales y vender a sus vecinos.

El legado de Concha es disfrutado hoy por miles de personas en los Estados Unidos, e incluso vemos su nombre destacado en el sitio web del Museo Nacional de Historia Americana, junto con una fotografía del delantal que usaba mientras molía masa en la tortillería.

Los Estados Unidos de América: un hub gastronómico

Esta nación y su gastronomía es producto de una fusión tanto global como local. Muestra de ello es cómo el chili con carne se ha convertido en algo tan común que muchas personas han olvidado de dónde proviene.

Imagen CC0

La cocina mexicana es responsable también del movimiento Tex-Mex, que hace referencia a las creaciones culinarias de los descendientes mexicanos en Texas, o de los mexicanos que residen en Texas. ¡Y vaya que lo agradecemos! Las fiestas de cumpleaños no serían lo mismo sin nachos con queso y los restaurantes de hoy no podrían ofrecer platos tan variados sin la salsa.

De hecho, según el profesor de historia Jeffrey Pilcher, la salsa mexicana (hecha a base de tomate y con un toque picante) superó al cátsup como el condimento más vendido en los Estados Unidos en la década de 1990.

Pilcher, especialista en historia y cultura de la comida mexicana, nos recuerda en un artículo publicado en el portal del National Park Service que la comida refleja cambios importantes en la evolución étnica y la identidad nacional de los Estados Unidos. Con el paso del tiempo, los burritos, los tacos y las fajitas dejaron de ser vistos exclusivamente como “platos extranjeros” para convertirse en la oferta principal de franquicias muy concurridas en el país.

Las nuevas generaciones han integrado la comida mexicana como parte de su identidad cultural, e ingredientes que no se utilizaban en la cocina tradicional anglosajona, como el ajo, la pimienta, las especias y el chile jalapeño, ahora son alternativas válidas en nuestra gastronomía.

Retrato de mujer con facciones hispanas en la década de 1930. Imagen CC Calliopejen

La comida ha jugado un papel importante en la inclusión cultural y el descreimiento de los estigmas raciales. A pesar de los estereotipos que tildaban a las mujeres latinas de peligrosas y eróticas durante el siglo XIX, la comercialización de productos como el chile en polvo y los tamales enlatados fue ganando terreno en la conformación de una gastronomía cosmopolita.

Los mexicanos y los méxico-estadounidenses fueron pioneros, además, en la mecanización del proceso de elaboración de las tortillas. En 1909, José Bartolomé Martínez patentó una fórmula para el tratamiento práctico de harina con la que inició un negocio de reparto diario de tortillas frescas.

Algunos académicos dicen que Elmer Doolin utilizó parte de las recetas de Bartolomé Martínez como base para la creación de la marca Fritos, y a pesar de que muchas personas creen que los tacos fueron creados por Glen Bell (fundador de Taco Bell) en la década de 1950, Pilcher afirma que, simplemente, “lo tomó todo prestado de sus vecinos mexicanos”.

Hoy podemos llamar a los Estados Unidos el hub de la gastronomía mundial, un título que apunta a ser permanente con el crecimiento de la población latina, la abundante oferta de restaurantes que ofrecen comida hispana y la practicidad con la que podemos encontrar arepas en el mercado.

No hay duda: a través de la gastronomía, cruzamos los límites fronterizos y la segregación cultural para permitirnos disfrutar desde el punto de vista del otro. El deguste de nuevos platos expande nuestra visión del mundo y nos ayuda a entender otras ideologías mediante el intercambio de recetas y sabores.