La Organización Mundial de la Salud (OMS) habla de obesidad cuando el índice de masa corporal (IMC, cociente entre el peso y la estatura de un individuo al cuadrado) es igual o superior a 30 kg/m².​ También se considera signo de obesidad un perímetro abdominal en hombres mayor o igual a 102 cm y, en mujeres, mayor o igual a 88 cm. 

Según un reporte de la OMS, los Estados Unidos ocupa el puesto número 18 de los países más obesos del mundo. La tasa de obesidad en E.E.U.U. ha alcanzado actualmente el nivel más alto del que se tiene registro, según el informe de United Health Foundation de este año. La prevalencia de la obesidad alcanza, hoy, el máximo histórico y las muertes prematuras continúan aumentando, con índices de obesidad que superan el 30 por ciento en la población adulta por primera vez en la historia de America Health Rankings. 

Las muertes prematuras aumentaron un 3 por ciento (de 7,214 a 7,432 antes de los 75 años por cada 100,000 personas).

Los riesgos que implica la obesidad para la salud incluyen:

  • Enfermedades de la vesícula biliar
  • Osteoartritis
  • Gota
  • Apnea del sueño
  • Síndrome de ovario poliquístico
  • Enfermedad cardiovascular
  • Un amplio espectro de cánceres, como el de páncreas, hígado, mama y riñón

La obesidad también conduce a condiciones metabólicas como la hipertensión, la diabetes tipo 2 y la enfermedad hepática grasa no alcohólica, que durante mucho tiempo se había pasado por alto como una consecuencia potencialmente mortal de los malos hábitos alimenticios.

Las personas obesas incurren en mayores costos médicos, viven vidas más cortas y pierden más trabajos

Los costos médicos asociados con la obesidad son enormes y crecen. Un estudio estimó los costos anuales de atención médica de la obesidad en los Estados Unidos en 2008, y el resultado fueron $209,7 mil millones de dólares.

Además, en comparación con las personas de peso normal, los pacientes obesos gastan 46% más en costos de hospitalización, 27% más en atención ambulatoria y 80% más en medicamentos recetados.

Las raíces de la obesidad están en la cultura estadounidense e involucran desde el estrés laboral hasta la avalancha de publicidad de alimentos pocos saludables y la tradición de excedernos durante las vacaciones. Por otro lado, nadie puede negar que las papilas gustativas de la juventud crecen con comida chatarra y golosinas azucaradas, hábitos que siguen a los niños hasta la edad adulta.

Cortesía de Pixabay

La sociedad estadounidense está estructurada en torno a la productividad y largas horas de trabajo. Para muchas familias que forcejean entre salario y salario, los alimentos más convenientes financieramente son las opciones procesadas, envasadas y grasosas, que suelen tener también la mayor cantidad de calorías.

Los estadounidenses son más sedentarios hoy que hace décadas. Sus vidas están ligadas estrechamente a pantallas de dispositivos como computadoras y teléfonos móviles; los niños ahora son criados por estos dispositivos que sirven como compañeros de juego, en un mundo donde ‘jugar a la pelota’ es más probable a través de Internet que en un campo de juego real.

La soledad: un factor en contra

Las personas obesas que viven solas o no tienen apoyo familiar y dependen de una dieta para hacer frente a su condición a menudo tienen más dificultades, ya que recuperan el peso perdido rápido y les cuesta seguir un plan de alimentación saludable a largo plazo.

El cuerpo resiste la restricción calórica enviando señales a nuestro cerebro que provocan un antojo de alimentos muy altos en calorías, esto hace que las dietas demasiado restrictivas (y en especial sin el respaldo necesario) sean propensas al fracaso.

Vale mencionar también que la investigación científica ha demostrado que las soluciones no se basan solo en una dieta, sino que son complejas y toman tiempo y recursos. Los pacientes necesitan más apoyo del que reciben. 

Claramente, este país necesita un mayor esfuerzo sistemático en los ámbitos de la salud pública, el gobierno y la industria. Para empezar, los líderes políticos deberían hacer que la lucha contra la obesidad sea una prioridad. Las escuelas podrían jugar un papel más importante: los estudiantes deben recibir educación adicional sobre buenos hábitos alimenticios y sobre cómo controlar el estrés; adicionalmente, las aseguradoras médicas deben estar más dispuestas a pagar por adelantado para controlar la obesidad antes de que se convierta en una enfermedad más costosa.

Los adultos pueden comenzar por enseñar a los jóvenes buenos hábitos alimenticios, insistiendo en el equilibrio laboral y exigiendo una mayor responsabilidad por parte de las industrias de alimentos y salud, y de nuestro gobierno.

Las causas de la obesidad son múltiples y complejas, no obstante, un creciente cuerpo de evidencia sugiere que una cultura que pondera la comida procesada y estilos de vida sedentarios es el eje del problema.

En los mercados emergentes, una rápida urbanización es otro factor importante, así como el deseo de emular estilos de vida occidentales. Muchos gobiernos han lanzado iniciativas para mejorar la educación alimenticia, desafortunadamente, la publicidad eclipsa estos esfuerzos, al igual que los lobistas comerciales que hacen todo lo posible por imponer el consumo de comida rápida y alimentos procesados, incluso a expensas de la salud de generaciones enteras.