por R. Arosemena P.
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Laura consume extracto de cannabis rico en CBD (compuesto no psicoactivo) hace más de un año. Inició el tratamiento ingiriendo 15 gotas dos veces al día para mitigar su epilepsia juvenil — diagnosticada a los 15 años — aunque, ahora, asegura que la enfermedad “ya no está en ella”, y que el consumo de extracto de cannabis, también llamado marihuana, la ha sanado mucho más que los fármacos y las visitas al neurólogo.

No es la primera ni la única persona que ha decidido apegarse a los efectos medicinales atribuidos al cannabis y dejar de ser “esclava de los químicos”. Con leyes que permiten el uso de marihuana medicinal en 28 estados y “solo CBD” en 16 estados, el número de personas que consume cannabis con fines terapéuticos o para el tratamiento de enfermedades como la artrosis y la epilepsia ha crecido significativamente.

Cifras estatales indican que existen más de 2 millones de pacientes legales de marihuana medicinal en los Estados Unidos — grupo que no incluye a las personas que consumen CBD sin supervisión médica.

El CBD (cannabidiol) se considera el compuesto cannabinoide no psicotrópico más efectivo para el tratamiento de múltiples afecciones, como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la artritis reumatoide y la diabetes. Con la legalización de su uso en distintas partes del país, muchos médicos han comenzado a prescribir cannabis medicinal para tratar los efectos secundarios relacionados con el cáncer o con la quimioterapia.

Son numerosos los estudios científicos que han conseguido demostrar las propiedades medicinales del cannabis para el alivio del dolor, por ejemplo, e inclusive un estudio reciente publicado por la Revista Internacional de Oncología sugiere que los cannabinoides son capaces de aniquilar células cancerígenas.

Sharon McCutcheon

Para Laura, los beneficios son inmensos. “Llevo mucho tiempo sin tener ataques (convulsiones). Pude bajar la dosis de medicamento diario de 3 pastillas a ½ pastilla, me siento más tranquila”.

Cuando le preguntamos si fue apoyada por su médico de cabecera en esta importante decisión, abre los ojos con asombro y responde: “El neurólogo me dijo que no me iba a curar nunca y que tenía que acostumbrarme a vivir con epilepsia. Los médicos tradicionales no quieren hablarle a la gente de las nuevas alternativas, porque quieren que sigas comprando fármacos y enriqueciendo a la industria”.

Laura afirma que la sociedad se está perdiendo de sacar provecho al cannabis medicinal por el estigma en torno al consumo de marihuana, y que muchas personas juzgan el CBD sin tomarse el tiempo de investigar primero sus propiedades y darse cuenta de que no posee ningún tipo de efecto psicotrópico o adictivo. “No es una droga que te vaya a volver adicto por usarla, no tiene las propiedades de la marihuana recreativa. Te la puedes tomar y no sentir nada, solo descanso”.

Existen tres especies principales de plantas dentro del género Cannabis: cannabis sativa, cannabis indica y cannabis ruderalis. La marihuana que posee una alta concentración de THC (componente psicotrópico Tetrahidrocannabinol) es usada comúnmente con fines recreativos, mientras que el cannabis con niveles bajos de THC y niveles altos de CBD provoca un efecto terapéutico que anula la transmisión de señales nerviosas asociadas con el dolor.

En los últimos años, estudios y ensayos preclínicos en ratones han demostrado que los cannabinoides podrían inhibir el crecimiento de tumores malignos y proteger contra la inflamación de colón para reducir el riesgo de cáncer. Todos los hallazgos y propiedades benéficas pueden ser encontradas en la biblioteca virtual del Instituto Nacional del Cáncer (NIH).

*El nombre en esta historia fue cambiado para proteger la intimidad de su dueña.