“HEMOS PERDIDO LA FE A LA NATURALEZA Y A NUESTROS ANTEPASADOS”: UNA VISITA A LA COACH CYNTHIA CASTRO

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Para ella, la pirámide nutricional que la mayoría de nosotros aprendimos en la escuela debería ir patas arriba, así, entenderíamos mejor la esencia de una alimentación equilibrada, habría menos enfermedades y niños más sanos correteando en el parque.

Cynthia Castro Cohen Henríquez, especialista en herbolaria y coach nutricional, nos habla de sus raíces latinas, la herencia ancestral de la medicina alternativa y cómo verse y sentirse bien en pleno siglo XXI sin ayuda de los fármacos.

¿Quién es Cynthia Castro Cohen Henríquez? Parece haber una mezcla interesante de orígenes.

Es una pregunta que aún intento responder. Soy hija de peruanos nacida en Panamá, y ahora resido en Estados Unidos. Mi “origen” no es ni aquí ni allá, y vivo buscando todavía el lugar donde echar mis raíces.

Igual de desperdigados han sido mis intereses. Estudié medicina por 3 meses; luego completé la carrera de Diseño Gráfico; trabajé de fotógrafa y seguí estudiando, esta vez Psicología, que interrumpí después de dos años cuando me mudé a Estados Unidos hace seis años. Acá tuve la oportunidad de estudiar Fitoterapia. Desde niña me interesaron mucho las plantas medicinales, pero en Panamá no hay muchas facilidades de estudio. Junto con las plantas, he estudiado nutrición a fondo, pues empecé a darme cuenta de que no se puede hacer nada con plantas si no se arregla primero lo que comemos. Finalmente, siento que encontré lo que estaba buscando: en julio de este año, me certifiqué como coach de salud con un fuerte enfoque en nutrición.

¿Estamos obsesionados con los fármacos en occidente?

Creo que más correcto sería decir que estamos obsesionados con la vida fácil y rápida. Desde el siglo pasado, la “velocidad” ha sido el tema de moda. Tenemos información rápida a través de internet, ya no más pasar días buscando en índices de biblioteca y leyendo libros. Llegamos rápidamente a donde queremos llegar, no más viajes por semanas en barco sino vuelos de un par de horas. El tiempo es dinero, y la gente no quiere gastar ese bien si es posible tomar atajos. Los fármacos son atajos. En vez de comer una dieta saludable, queremos comer basura y tomar una estatina para controlar el colesterol. En vez de mantenernos activos y llevar una vida sana, queremos hacer cualquier cosa y después arreglar las consecuencias con pastillas. La conveniencia provista por las grandes industrias nos ha vuelto flojos, no queremos trabajar, y encima nos ha hecho pensar que trabajar es malo.

Por otro lado, también le hemos perdido la fe a la naturaleza y a la sabiduría ancestral de nuestros antepasados. La gente no se da cuenta de que la ciencia moderna estudia la naturaleza humana, no al revés. La naturaleza es una fuerza que ha evolucionado por millones de años y ha aprendido a hacer las cosas perfectamente. Pretender que ahora somos “gente moderna” y sabemos más que las fuerzas naturales es pedantería. Y pretender que en un par de décadas hemos aprendido más que lo que aprendieron todas las generaciones que vivieron antes que nosotros, que pasaron por miles de años de ensayo y error, es aún peor.

¿Cuál sería la definición más completa y detallada del concepto “Salud”?

La salud, como el ser humano, tiene varios componentes. Por un lado, “salud” es una persona que se ha desarrollado a su máximo potencial genético. Esto es, que las generaciones anteriores tuvieron una nutrición adecuada para que sus genes se expresaran de manera correcta; que su madre haya tenido un estilo de vida sano, libre de contaminantes y lleno de comidas densas en nutrientes, para que el feto se desarrolle sin tener que conformarse con lo que sea que encuentre de “material de construcción” disponible y hacer lo mejor que pueda. Salud física es un cuerpo bien hecho desde el principio y bien cuidado durante toda su vida, de la misma manera en que se cuidaron sus antepasados. De esta forma, los órganos se desarrollan y mantienen bien, al igual que los huesos, el contenido celular y todos los otros tejidos del cuerpo. Y si no tuvimos la suerte de tener antepasados que continuaron con sus tradiciones culinarias y estilos de vida antes de nuestro nacimiento, siempre podemos confiar en la epigenética y modificar la expresión de nuestros genes a través de buena comida y un estilo de vida saludable.

Salud también es una disposición alegre, positiva y flexible ante el estrés y la vida en general. Es estar bien física y emocionalmente.

¿Es posible vernos y sentirnos bien sin consumir químicos?

Primero que todo, tengo que decir que, más que químicos, la expresión correcta sería sustancias artificiales tóxicas. La gente dice que “todo está hecho de químicos”, tratando de quitarle importancia al hecho de que se crean alrededor de dos mil químicos nuevos al año. Nuestro cuerpo tiene un lenguaje, y no es solamente el que usamos para expresarnos. Es un lenguaje genético. Y nuestro ADN no sabe qué hacer con estos químicos artificiales, lo cual resulta en enfermedad. Pero para responder la pregunta: absolutamente sí, y lo hemos hecho por miles de años. De hecho, son los “químicos” los que están causando la epidemia de enfermedades crónicas que estamos viviendo actualmente. Sería apropiado decir que algunas personas se ven y se sienten bien A PESAR DE los químicos.

¿Qué versión de la pirámide alimenticia deberían estar enseñando a los niños en la escuela?

La pirámide alimenticia actual, pero patas para arriba. Tenemos mal todas las teorías detrás de la pirámide alimenticia recomendada a nivel mundial. Se basó en una mezcla de mala ciencia, ego y corrupción. Vivimos un exceso de carbohidratos que fue creado por un miedo absurdo a las grasas saturadas. Todos tenemos necesidades diferentes, pero en general, un plato de comida debería ser más o menos la mitad de vegetales (cocidos, crudos o ambos), un cuarto proteína y un cuarto carbohidrato. Y las grasas son MUY IMPORTANTES. Nos mantienen satisfechos (por eso las dietas bajas en grasa han creado tanta obesidad, ¡no podemos parar de comer!), nos dan energía, mantienen nuestros niveles de azúcar en sangre balanceados y tienen un montón de vitaminas que son clave para nuestro cuerpo, especialmente para los niños. Y hablo de grasas animales también: manteca de puerco, grasa de vaca, pollo y pato; pescados como el salmón y la sardina; y mantequilla, mucha mantequilla. A lo que hay que huirle es a los aceites vegetales (canola, maíz, soya, etc.), que son los verdaderos responsables de los casos de enfermedad cardíaca, cáncer, degeneración macular y enfermedades crónicas.

¿Te identificas con alguna vertiente nutricional?

Creo que sería con nutrición ancestral, que en pocos puntos se resume en comer carnes en su hueso (como en caldos), órganos animales y no sólo la carne, productos vegetales y animales crudos, y comidas fermentadas y germinadas. Debemos retomar las tradiciones de nuestros antepasados, esas tradiciones que tomaron miles de años en hacerse y que tenían razones importantes de ser. Por ejemplo, leí de un grupo nativo americano que comía las adrenales de los bueyes para evitar el escorbuto. Era una “tradición”, una de esas cosas que tachamos de idioteces primitivas. Resulta que las adrenales son la fuente más rica de vitamina C en el cuerpo. Hay que ser inteligentes y aprovechar esa información que ya ha sido probada por cientos de generaciones y puesta a nuestra disposición lista para ser usada. Información sobre cómo tener bebés sanos y fuertes, cómo pasar una adolescencia sin tormentas hormonales, una vida adulta siendo sanos y felices, y una vejez tranquila, libre de enfermedad, con buen uso de nuestro cuerpo y claridad mental. El trabajo del doctor Weston A. Price es un buen lugar para empezar a estudiar lo que hemos debido aprender de nuestras bisabuelas.

¿Qué son realmente las enfermedades y cuál es la mejor forma de prevenirlas?

Hay varios tipos de enfermedades. Están las internas, que derivan de cosas como deficiencias nutricionales o contaminantes que causan problemas en nuestras células o incluso a nivel genético. También están las externas, que son causadas por la invasión de microorganismos patógenos como virus, bacteria, parásitos, hongos, etc. La mejor forma de prevenirlas es tener una buena dieta y vivir lejos de químicos artificiales tóxicos y nocivos. No hay que tenerle miedo al sucio y los gérmenes. Cohabitamos con ellos de forma en que nosotros nos beneficiamos y ellos también. Si tenemos gérmenes “buenos” viviendo en nuestro cuerpo o nuestra casa, no va a haber espacio para que gérmenes “malos” se reproduzcan. Digamos que ya el bus está lleno y no caben más pasajeros. Por eso los antibacteriales como el cloro hacen más mal que bien. Lavarse las manos antes de comer o después de estar en lugares públicos sigue siendo una buena idea.  

¿Puede la medicina natural ser tan efectiva como la medicina moderna?

Son cosas distintas y no tenemos que escoger entre una y la otra. La medicina moderna es excelente para situaciones de emergencia, para cambios fisiológicos ya sea a nivel celular (un fármaco que inhibe una enzima, por ejemplo) o a nivel de tejidos y órganos (cirugía), y para mantener estados artificiales de salud (nivel de glucosa normal en diabéticos, por ejemplo). Estas cosas no pueden hacerse con medicina natural, o pueden hacerse a un nivel muy bajo e insostenible.

La medicina natural, por otro lado, es mucho más eficaz que la moderna en prevenir enfermedades y en tratar enfermedades crónicas. Actualmente, la perspectiva moderna ante las enfermedades crónicas es administrar un fármaco y aprender a vivir con la condición. La medicina natural se enfoca en la raíz del problema e intenta tratarlo para poder hacer la condición desaparecer. Y muchas veces tiene éxito.

Como digo, ambas van bien de la mano y aunque siempre se debe tratar de empezar por el lado natural, no debemos dejar de lado la medicina moderna cuando realmente se necesita.

Los padres siempre están preocupados por brindar la mejor alimentación posible a sus hijos, pero con el trabajo y un estilo de vida agitado, muchos recurren a “salidas rápidas” como la comida congelada o la comida rápida. ¿Qué consejo les darías?

Que lean las etiquetas. La mayoría de las comidas “rápidas”, ya sea congeladas o de restaurante, son mitad comida y mitad productos artificiales hechos por los humanos. Eso no es comida, nuestro cuerpo no entiende ese lenguaje y termina enfermándose física y mentalmente. Esta es la primera generación de niños que va a vivir menos que sus padres, y la nutrición es bastante culpable. Para ahorrar tiempo, cocine en cantidades grandes usando sólo ingredientes sin procesar (que hayan crecido en la tierra, nadado en el mar o corrido en el campo) y congele en porciones adecuadas. Evite las salsas y cualquier cosa que ya venga preparada. Evite cualquier producto que contenga sirope de maíz alto en fructosa (high fructose corn syrup), ingredientes con números (Red #40) y aceites trans o aceites vegetales (maíz, canola, soya, etc.). Hay que darles a nuestros hijos el regalo de la buena salud, y el mayor responsable de eso es lo que les damos de comer.