Nuestro cuerpo es la máquina más increíble que existe en el mundo. Muchos inventos y artefactos son elaborados imitando las funciones de nuestro cuerpo. Aun así, nuestra máquina necesita atención en la medida que transcurre los años.

Cuando jóvenes, pensamos que las energías del cuerpo son inagotables. El cuerpo se transforma constantemente todos los días. Ya adultos, estos cambios vienen a representar pérdidas progresivas de fuerza en los huesos y músculos. Según José Ávila y Emilio García (dos investigadores mexicanos) en un artículo científico sobre beneficios de la práctica de ejercicios, está ampliamente aceptado que la pérdida de la función que acompaña a los músculos y huesos es inevitable, por el natural envejecimiento, sin embargo, “existen múltiples estrategias para preservar e incluso aumentar la masa muscular y la fuerza”. 

Unas de las estrategias o formas más comunes para contrarrestar esta situación es modificando nuestra alimentación. Seguir una dieta rica en nutrientes y antioxidantes es beneficioso, así como aumentar el consumo de medicamentos o fármacos anabólicos que permitan fortalecer las funciones motrices del cuerpo. No obstante, y sin restar importancia a los consejos anteriores, tanto Ávila como García y otros investigadores afirman inequívocamente que el ejercicio físico es la única medida que ha comprobado ser eficaz y segura para restaurar o mantener las funciones de nuestro cuerpo.

La capacidad de los hombres y mujeres para responder a la actividad física progresiva con efectos positivos en el cuerpo va a depender de la frecuencia, la intensidad y la duración del conjunto de ejercicios que realicen. Un programa de ejercicios que incluya actividad del tipo aeróbica y entrenamiento de fuerza es deseable; las actividades de fuerza son especialmente eficaces para mejorar las funciones musculares de nuestro cuerpo. No importa la edad, ni el estado de salud, el ejercicio con entrenamiento de fuerza restituye nuestras energías y funciones.

Por otro lado, no puede olvidarse que los ejercicios tienen también un efecto positivo en el estado de ánimo y la autoestima. Por supuesto, cada programa de ejercicios debe ajustarse a la estructura física del individuo y ser recomendado por un especialista o profesional en este campo.

¡Manténgase siempre joven, tanto física como mentalmente!

No importa la edad, el ejercicio físico puede ayudarnos a mantener nuestro organismo en óptimo estado, favorece el buen humor y nos hace sentir jóvenes por dentro y por fuera.

Un estudio realizado el año pasado a un grupo de 43 personas por un periodo de 12 semanas, realizando ejercicios aeróbicos y de fuerza con música de fondo para mantener el ánimo en las sesiones, evidenció que el comportamiento sedentario y bajos niveles de actividad física se relacionan estrechamente con los niveles de glucosa en sangre y con un mayor riesgo cardiometabólico. El estudio demostró que los principales beneficios de un programa de ejercicios aeróbicos y de fuerza es la disminución considerable de la cintura, el colesterol y los triglicéridos, un aspecto tanto estético como biológico, especialmente en personas adultas y mayores en edad.

Por ello, nunca es descartable inscribirse en un programa de ejercicios en la comunidad o en las cercanías de su residencia. Luego de realizarse un examen médico que le garantice ejercitarse sin mayores contratiempos, es recomendable correr unos minutos al día o realizar actividades de baja intensidad como caminar, trotar, bailar, nadar o subir escaleras.

A medida que nuestro cuerpo se adapta a la actividad, podemos incrementar el tiempo y la frecuencia de los ejercicios. Recuerde que el ejercicio es el único método comprobado y seguro para mantener una buena condición física. ¡Si puede hacerlo en familia o en grupo, mucho mejor!