por R. Arosemena P.
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La presencia de químicos perjudiciales para la salud en diversos productos cosméticos ha sido revelada antes en múltiples investigaciones. Ahora, los resultados de un estudio publicado el mes pasado en la revista científica Environmental Research sugieren que el problema se extiende a los productos para el cabello de uso común entre las mujeres.

Los investigadores analizaron un grupo de 18 cosméticos capilares de uso diario, que incluyen productos relajantes (que alisan el cabello), estimuladores de raíz capilar, aceites y cremas anti-frizz. El estudio detectó 66 químicos con efectos tóxicos potenciales en este grupo de cosméticos, y la mayoría ni siquiera son mencionados en la etiqueta que describe los ingredientes de cada producto.

Ocho de diez productos capilares estudiados contenía disruptores endocrinos que alteran el equilibrio hormonal y pueden causar, a niveles altos de exposición, pubertad precoz, asma y nacimientos prematuros. Los investigadores también encontraron un compuesto llamado nonilfenol en el 30% de los tratamientos capilares, que ha sido vinculado con un alto riesgo de obesidad y cáncer de mama.

El mercado nacional está consumiendo productos prohibidos en Europa

Los investigadores detectaron numerosas sustancias químicas — benzofenona, dietanolamina y nonilfenol, por ejemplo — que ya han sido prohibidas por la Unión Europea y que el estado de California mantiene bajo una regulación estricta por tratarse de químicos nocivos para los consumidores.

El peligro de estas sustancias está en que pueden ser absorbidas por el cuerpo mediante los poros o la inhalación. Además, cinco de los químicos identificados fueron encontrados en un alto porcentaje en productos destinados a niños y etiquetados como “de uso diario”.

Este grupo de químicos son utilizados generalmente como conservantes o plastificantes que brindan una consistencia cremosa a los productos; los investigadores encontraron que, en el 84% de las ocasiones, los fabricantes no incluyen estas sustancias en la lista de ingredientes o prefieren utilizar términos demasiado amplios, como “fragancias”.

Brendan Church

La FDA (Administración Estadounidense de Fármacos y Cosméticos) recibió el año pasado la solicitud de grupos defensores de la salud pública que exigen mayores controles sobre los productos cosméticos que el gobierno permite circular en el mercado. La polémica giró en torno a la presencia de acetato de plomo — una presunta neurotoxina — en numerosos tratamientos capilares, como la llamada Fórmula Griega.

Incluso Kourtney Kardashian se dirigió al Congreso en marzo de este año para unir su voz a los solicitantes de medidas de seguridad cosmética más efectivas.

El acetato de plomo ha estado prohibido en Canadá y Europa durante casi diez años porque los estudios muestran que se absorbe fácilmente a través de la piel y que puede causar la acumulación de niveles tóxicos de plomo en la sangre.

El meollo del asunto está en que la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos y la Ley de Empaquetado y Etiquetado obligan a la FDA a intervenir en la comercialización de productos con sustancias químicas “sospechosas” únicamente si existe “información confiable” que evidencie el peligro que representan estas sustancias para los consumidores, y la recopilación de esta información confiable puede tardar años o incluso no llegar nunca a ninguna conclusión.

Mientras tanto, una diversidad preocupante de productos químicos con posibilidades reales de causar efectos tóxicos siguen disponibles en el mercado, al alcance de todos. Desde productos capilares de uso común, como el champú, hasta productos de uso diario, como la pasta de dientes.

El formaldehído, por ejemplo, fue declarado carcinógeno en 2011 por el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos, y asociado con el desarrollo de cáncer de nariz, cabeza, cuello y sistema linfático. Aún así, la sustancia continúa presente en muchos productos cosméticos.