por R. Arosemena P.
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El bienestar mental de los latinos puede considerarse un asunto prioritario para la nación, tomando en cuenta que hablamos del grupo demográfico con mayor crecimiento poblacional y que, con miras al 2060, uno de cada tres ciudadanos podría ser de ascendencia latina.

Esto implica que el estado de salud mental de los latinos hoy puede influir enormemente en el estado de salud mental de un tercio de la población en el futuro.

De acuerdo con el U.S. Department of Health & Human Services, los latinos ya están en desventaja en cuanto a enfermedades físicas: son más propensos a obesidad que los blancos no-latinos y existe un alto índice de bajo peso al nacer, mortalidad infantil, asma y enfermedades de transmisión sexual (especialmente entre los puertorriqueños).

El panorama de bienestar mental también muestra desigualdades preocupantes. En 2001, The Public Health Service reportó que sólo el 20% de los latinos con síntomas de algún desorden psicológico habla del tema con un médico y sólo el 10% contacta un especialista en salud mental. El motivo principal apunta a las barreras de lenguaje y cultura.

Ya se han emprendido iniciativas prometedoras para solucionar el problema. Proyectos orientados a la comunidad hispana, como el Consejo Project en Fresno, entrena a estudiantes de trabajo social de la Universidad Estatal de California en el idioma y cultura latina para apoyar a niños, jóvenes y adultos hispanoparlantes que enfrentan barreras sistemáticas y ven limitado su acceso a los servicios de salud mental. No obstante, la pregunta que se hacen miles de latinos es qué tan eficaces son estos brotes solidarios y si realmente se está haciendo todo lo necesario para disminuir la brecha social.

Discriminación étnico-racial: el origen de todos los males

De acuerdo con un recurso en línea publicado por la Asociación Americana de Psicología (APA) en honor al Mes Nacional de la Herencia Hispano-Latina, los latinos estadounidenses se encuentran día a día “con algunos de los estereotipos más dañinos y perjudiciales”, que consideran que las personas de procedencia hispana son trabajadoras y eficientes pero que “no merecen los empleos y el espacio que ocupan dentro de la sociedad estadounidense”.

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Esta forma de pensar se alimenta de los prejuicios, la ideología racista y los sentimientos nativistas que culpan a las poblaciones latinas de agotar la economía y la identidad estadounidense. La intolerancia y los estigmas del entorno afectan el modo en que los latinos interactúan con el mundo, y también es causa de la mayoría (si no todos) los problemas de salud mental consecuentes: angustia psicológica, depresión y ansiedad clínica.

La prevalencia de algunos desórdenes psicológicos vinculados con el estrés y el rechazo social pueden ser factores de riesgo para el desarrollo de otro tipo de trastornos, como el abuso de drogas y alcohol. De hecho, un artículo publicado en el Journal of Latina/o Psychology subraya que el consumo de alcohol ha sido identificado como un “problema significativo” para la comunidad latina, y la evidencia sugiere que la ansiedad guarda una relación importante.

El papel del gobierno es fundamental

El clima político juega un papel determinante en el modo en que avanza o retrocede el germen racista en la sociedad, especialmente en la forma en que están siendo educados los niños para aprender a interactuar con personas de etnias, culturas y contextos socioeconómicos distintos.

Activistas, líderes comunitarios y funcionarios electos protestas en San Rafael contra las políticas de inmigración de la administración Trump. Imagen CC Fabrice Florin

Un ejemplo de cómo afecta la política el comportamiento en el entorno escolar es el incidente ocurrido en el Royal Oak Middle School, a las afueras de Detroit, luego de que Trump ganara las elecciones

La campaña de Trump estuvo plagada de controversia luego de que hiciera público su propósito de construir un muro en la frontera con México. En un vídeo difundido en las redes, vemos a un grupo de estudiantes de séptimo grado gritar en la cafetería a sus compañeros latinos: “Build a wall!” (“Construye un muro”), haciendo alusión a la política antimigratoria sugerida por el presidente Trump.

Los hilos de la influencia gubernamental se tejen a distancias muy largas y pueden llegar a ejercer poder en los sitios menos esperados. Una carta de abogacía publicada por la APA lo deja muy claro: “el gobierno federal tiene un rol crítico que desempeñar en el problema de la disparidad social y étnica”, no sólo aumentando la disponibilidad de servicios de salud culturalmente competentes para atender a las minorías, sino también auspiciando políticas y programas basados ​​en la evidencia que garanticen el empoderamiento de los grupos minoritarios.