por R. Arosemena P.
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Muchos padres no ven la necesidad de hablar con sus hijos sobre orientación sexual, identidad de género y sexo hasta que inician clases en la escuela primaria y los maestros dan el primer paso en el tema. Si bien existe una edad apropiada para explicar cada cosa a los niños, es un error evadir la sexualidad como si fuera vergonzoso o inadecuado hablar de ello; los pequeños interpretan la incomodidad de sus padres en torno al sexo como una señal de que algo no está bien, y crecen sin saber la importancia de respetar sus genitales y los de otros niños, por ejemplo.

Es positivo incluir la educación sexual en la crianza de nuestros hijos, siempre y cuando no cometamos el error de “adelantarnos” a su etapa de desarrollo. La Academia Americana de Pediatría (AAP) indica que proveer a los niños y adolescentes información apropiada respecto a la biología, psicología, dimensiones espirituales y aspectos socioculturales de la sexualidad es muy beneficioso para la formación de su carácter y una vida sexual sana en el futuro. De este modo, es posible ayudar a los pequeños a desarrollar una perspectiva positiva de la sexualidad y entenderla como parte de la experiencia humana.

De acuerdo con la AAP, la educación sexual implica tanto proveer información a los niños como transmitirles valores, actitudes, sentimientos, herramientas para la toma de decisiones y habilidades de comunicación. La escuela puede hacerse cargo de lo primero, pero el resto es trabajo en casa, lo que refuerza la necesidad de comenzar a hablar de sexo, orientación y género a una edad temprana.

La primera herramienta que deben tener a mano los padres para iniciar la educación sexual de sus hijos es conocimiento. Existe una gran diferencia entre sexo, identidad de género, rol de género y orientación sexual, pero muchos los adultos lo desconocen.

La Asociación Americana de Psicología (APA) dispone de recursos valiosos de libre acceso para ayudar a los padres de familia, adolescentes en búsqueda de información y maestros a capacitarse adecuadamente. Las guías de práctica psicológica publicadas por la APA en su sitio web definen los conceptos clave que los padres necesitan reconocer:

  • El sexo es típicamente asignado al momento de nacer con base en la apariencia externa de los genitales.
  • El género por se refiere a la condición de ser un hombre, una mujer o neutro (es decir que el individuo no se siente representado por ningún sexo y rechaza ambos).
  • El concepto de género es el constructo social que establece las diferencias entre un hombre y una mujer, no solo con base en el sexo sino también en relación con los roles y expectativas que predice la cultura.
  • La identidad de género es el modo en que una persona se siente, percibe e identifica a sí misma como un hombre, una mujer, un niño o una niña, sin importar su sexo.
  • El rol de género es el comportamiento y los patrones de conducta característicamente asociados con el hecho de ser un hombre o una mujer dentro de una cultura determinada.
  • La orientación sexual describe la atracción estable y duradera hacia parejas del sexo opuesto, del mismo sexo o ambos. Una persona es heterosexual cuando su orientación elige parejas del sexo contrario; homosexual cuando se siente atraída por personas del mismo sexo o bisexual cuando su atracción va dirigida tanto a parejas del mismo sexo como del sexo opuesto.

Explicar a los niños estos conceptos es un proceso que amerita tiempo y paciencia. Los especialistas recomiendan a los padres ir despacio e intentar averiguar primero qué saben sus hijos de sexualidad. Los adolescentes, por ejemplo, a menudo están convencidos de tener toda la información que necesitan, pero no siempre esta información es verídica o sana para ellos.

La sexualidad es mucho más que tener una erección o un embarazo no deseado, la familia debe hacer énfasis en hablar con los chicos sobre el riesgo de las enfermedades de transmisión sexual, la AAP reporta que una relación entre padres e hijos donde existe confianza y comunicación disminuye el riesgo de conductas sexuales dañinas, como la promiscuidad y el sexo sin protección.

Inculcar a los niños valores como el respeto, la tolerancia y la empatía sin distinciones de género u orientación también hace parte de la educación sexual y es una forma de contribuir a una sociedad más justa y equitativa.