En diciembre de 2010, la Asamblea General, en virtud de la resolución A/RES/65/189, proclamó el 23 de junio como Día Internacional de las Viudas.

Se estima que hay 258 millones de viudas en todo el mundo, y casi una de cada diez vive en la pobreza extrema. Como mujeres, tienen necesidades específicas, pero sus voces y experiencias a menudo están ausentes de las políticas que afectan su supervivencia.

En sociedades desarrolladas, la peor parte de quedar viuda es el dolor por la pérdida del compañero de vida. Pero en muchos países no solo tienen que lidiar con el duelo,sino que también acarrea una serie de consecuencias graves que afectan la vida de estas mujeres y de sus hijos. Pueden enfrentarse a la denegación de sus derechos de herencia, degradantes rituales de sepultura, ser obligada a casarse nuevamente y otro tipos de abuso.

Algunas de las antiguas supersticiones aún prevalecen en las zonas rurales, considerando que traen mala suerte y en muchos casos culpándolas de la muerte de sus maridos. Se las discrimina, aislándolas de eventos sociales y religiosos, e incluso algunas comunidades rechazan cualquier tipo de contacto visual o físico con ellas.

Los hijos de las viudas también se ven afectados. Las madres deben mantener solas a sus familias y se enfrentan a situaciones de malnutrición, trabajo infantil, pérdida de escolarización, analfabetismo y dificultades para el acceso a la sanidad y a la herencia.

De aquí nace el Día Internacional de las Viudas, que tiene como objetivo crear conciencia para acabar con estas prácticas en contra de las mujeres que enviudan. Además, en su resolución advierten a otros gobiernos que “deben mantener sus compromisos para garantizar los derechos de las viudas tal como los consagra el derecho internacional, lo que incluye las convenciones sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la de los derechos del niño”.

En un mensaje del Secretario General de la ONU con motivo del Día Internacional de las Viudas en este 2019 destaca que “hay que remediar la marginación, los malos tratos y la violencia que sufren las viudas en algunas sociedades, en especial el abuso y el acoso sexuales o el matrimonio forzado, combatiendo las normas que se emplean para justificar tales prácticas culturales discriminatorias y actos de violencia”.

Parte del programa de la ONU se centra en proporcionarles una parte justa de su herencia, pensiones, protección social, trabajos decentes e igualdad de remuneración, oportunidades de educación para capacitarlas y pueda mantenerse a sí mismas y a sus familias.

A pesar de que su situación ha mejorado en los últimos años, algunas aún deben afrontar el estigma social y la carga de sacar adelante su familia. Se trata de crear oportunidades para estas mujeres y sus hijos, educación, el sustento económico, sanidad, darle voz y voto en la vida pública.