La libertad es el deseo más anhelado por todas las generaciones y sociedades. Después de la vida, es lo más apreciado por el ser humano. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la libertad es la condición que permite a una persona o ser vivo vivir de manera independiente. Esto significa vivir sin ser dominado o sometido por otro ser vivo. 

No obstante, en la práctica, cada persona y grupo social tiene conceptos diferentes según las situaciones, sean sociales o individuales. Aún así, el ser humano siempre tendrá el deseo de sentirse libre en alguna medida.

Un nuevo término ha surgido gracias a la tecnología y las redes sociales, es la denominada libertad digital. Se le considera también “libertad económica”, y viene a ser “el derecho fundamental de todo ser humano a controlar su trabajo y propiedad”. 

En virtud de esto, dentro de una sociedad económicamente libre, las personas son libres de trabajar, consumir e invertir en todo lo que deseen dentro del marco del respeto y la libertad del otro. Por ello, muchos profesionales en la actualidad acuden al teletrabajo o trabajo digital, con apoyo de plataformas buscadoras de talentos, para generar ingresos desde su hogar o complementar sus ingresos habituales siendo freelancers.

La libertad digital permite a los ciudadanos ser libres y creativos, esto gracias al desarrollo que ha adquirido la era digital hasta nuestros días. Hablamos de libertad social digital que viene dada por el acceso a las redes sociales permitiendo a los ciudadanos establecer canales de interacción, formación y comunicación. 

Hablamos de libertad y salud digital cuando observamos cómo se emplea la realidad aumentada para el control de males como las pesadillas y la ansiedad.

Otra innovación que trae consigo la era digital en la salud son las aplicaciones móviles que permiten a las personas desarrollar actividades aeróbicas, medir la hipertensión arterial, niveles de glucosa, niveles de masa corporal, entre otras funciones útiles.

También hablamos de libertad financiera digital cuando se observa cómo, gracias al desarrollo de la ingeniería de softwares, se han creado plataformas que han venido a sustituir a las entidades financieras tradicionales convirtiendo el dinero físico en dinero digital, a través de criptomonedas cuyo valor asciende y es competitivo en un mercado financiero global. Así funciona el Bitcoin, una criptomoneda cada vez más atractiva.

Uno caso curioso y emblemático fue reseñado por la BBC Mundo: los gemelos Winklevoss, al ganar la demanda a Marck Zuckerberg, compraron el 1% de los Bitcoins que había en circulación en 2013. Hoy abrazan una fortuna que asciende a unos cuantos millones de dólares. 

Bitcoin / Cortesía de Pexels

La libertad digital también es comunicacional cuando le permite a cada ciudadano ejercer su libertad de expresión, denunciar violaciones a los derechos humanos, documentar situaciones irregulares en los gobiernos de sus países –como la bloguera cubana Yoanni Sánchez, quien encuentra un espacio abierto en la red para llevar su voz al mundo–.  Otro caso emblemático fue la organización del pueblo de Egipto en el año 2011, en la denominada Primavera Árabe, donde se utilizó Facebook para la comunicación entre los movimientos sociales y políticos que luchaban contra la opresión del dictador Mustafa Gadalla.

Por otra parte, en Estados Unidos y muchos países de Latinoamérica, el Caribe y Europa, se puede observar cómo la era digital se encuentra en la cotidianidad y es producto de investigaciones, avances y desarrollos de la ingeniería de software en trabajo combinado con disciplinas como la ecología, el medio ambiente, la física y la matemática. Esto permite que se puedan controlar distintos aparatos electrodomésticos en el hogar desde un teléfono, manejar la seguridad, la electricidad y los aparatos digitales. 

Esta libertad está siendo cuestionada por el surgimiento de nuevas formas de maltrato y violencia que utilizan algunas personas y organizaciones. Tal es el caso del ciberbullying, y otras formas similares de invasión de la privacidad con el objetivo de controlar lo que hay en la red, de asechar a adolescentes, robar información financiera a empresas y organizaciones, y hasta descubrir los más intricados secretos de estado de alguna nación, como lo fue el caso de WikiLeaks, muy sonado en Estados Unidos. 

Es hora, entonces, de sacar el mayor potencial de esta libertad digital, investigar para curar y subsanar problemas de salud pública, detección temprana de enfermedades, prevención y niveles de vulnerabilidad, en fin, son muchas las alternativas por conocer para el desarrollo personal y de las comunidades, una de ellas es el emprendimiento digital femenino, que está dando mucho de qué hablar en estos últimos años, el activismo digital por la defensa de los derechos humanos de las mujeres y la infancia, y la protesta activa contra flagelos como la violencia sexual y el ‘grumming’. 

Todo lo dicho hasta ahora indica que el mundo de la libertad digital está integrado en muchos contextos de la vida del ciudadano del siglo XXI, sin embargo, tiene sus limitaciones. Nuestros derechos terminan donde inician los derechos de los demás, y esto significa que es importante tener claras las desventajas y daños que puede ocasionar la libertad digital si no la manejamos de forma adecuada, con empoderamiento positivo no solo personal sino colectivamente.