El cine y la televisión a veces ocultan grandes verdades bajo la delgada tela de la imaginación y la fantasía.

En 1963, la serie The Outer Limits (en Latinoamérica: Rumbo a lo desconocido, y en España, Más allá del límite), seguro dejó huellas imborrables en más de un televidente de la época ‘Blanco y Negro’. Podría decirse que hablamos del Black Mirror original o del hermano menor de The Twilight Zone (La Dimensión Desconocida); y de hecho, una revisión del producto creado por Leslie Stevens hace más de 40 años nos sorprendería por su similitud con la realidad, por el modo en que aun hoy sirve como fiel – aunque triste – reflejo de la sociedad moderna y el oscurantismo de la política. 

Aunque la ciencia ficción siempre ha sido y será cuestionada hasta que la humanidad halle evidencia consensuada de su propia insignificancia, The Outer Limits (al igual que otras series y filmes orientados a explorar en el terreno de las conspiraciones y el circo del poder) vale la pena ser vista “solo por si las moscas”.

No hallaremos nada capaz de competir con las producciones de HBO o Netflix, pero sí un discurso crudo y honesto de la paradoja de la modernidad, o citando a Charles Dickens: «el mejor de los tiempos y el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación».

Manipulación mediática: ¿es posible resistirse?

El filósofo francés Michel Foucault (1926-1984) dedicó su vida a estudiar el poder, y cómo el Estado hacía uso de estrategias de manipulación y cohesión para difundir el miedo, la ignorancia y la obediencia.

“Donde hay poder, hay resistencia al poder”, escribió Foucault. Por desgracia, murió antes de heredar a la humanidad el secreto para resistirnos al yugo de la élite, aunque sí vivió lo suficiente para hablar de la influencia de las instituciones religiosas en el sometimiento de la conciencia individua: 

“Las creencias religiosas preparan una especie de paisaje de imágenes, un entorno ilusorio favorable a cada alucinación y cada delirio. Durante mucho tiempo, los médicos HAN SOSPECHADO los efectos de una devoción TAN estricta, una creencia TAN FUERTE, UN RIGOR MORAL TAN POTENTE, TANTA ansiedad RESPECTO A la salvación…”

– MICHEL FOUCAULT, Madness And Civilization: A History Of Insanity In The Age Of Reason (1961)

Noam Chomsky, colega de Foucault y reconocido lingüista, politólogo y activista, ha dedicado igualmente su vida intentar descifrar la dinámica de la manipulación de masas a través del poder de influencia de los medios. Entre las teorías que Chomsky defiende está “la creación de consumidores desinformados que toman decisiones irracionales”, una especie de ‘programa educativo’ conducido por industrias como el entretenimiento y la publicidad para construir una sociedad basada en un sistema diádico o una relación de dos: el ser humano y la televisión; el ser humano y el Internet; el ser humano y el poder. 

Algo similar pensaba Foucalt, para quien la sociedad estaba regida por una relación asimétrica entre la autoridad y la obediencia, ingredientes inamovibles del poder.

Aunque no se pretende promover la paranoia como cualidad incapacitante, una dosis moderada de ella podría ser lo que se requiere para combatir los díficiles tiempos modernos y el poderío de la industria mediática. La introducción de The Outer Limits hace justicia a los principios de una personalidad inquieta, una curiosidad medianamente sana que puede hacer de la paranoia el verdugo de la manipulación:

“Nada le está sucediendo a su televisor. No intente ajustar la imagen. Ahora nosotros controlamos la transmisión. Controlamos el horizontal y el vertical. Podemos invadirle con mil canales o hacer que una imagen llegue con la claridad del cristal, y aún más. Podemos hacer que usted vea cualquier cosa que nuestra imaginación conciba. Durante la próxima hora, controlaremos todo lo que vea y escuche. Está a punto de experimentar el vértigo del misterio que se expande desde lo más profundo de su mente hasta más allá de la imaginación”

Y es que, en términos psicológicos, ser paranoico no es más que sostener de forma prolongada un sentimiento de recelo o desconfianza hacia los demás. Nada que no tenga razón de ser en un mundo gobernado por las interpretaciones y no por la realidad, sumido en la cultura de la producción de riqueza y la evasión de un ‘Plan Marshall’ mundial para combatir el hambre y la ignorancia, un gran ‘Plan Marshall’ para erradicar la pobreza… si tan solo el poder lo quisiera.